Llega el final de otro año y, con ello, el comienzo de uno nuevo. 

Yo no suelo ser de las que se marcan propósitos para el nuevo año, la verdad. Alguna vez sí, pero en realidad nunca me ha gustado eso de tener que esperarme a cambiar de año para decidir marcarme un objetivo. Si quiero hacer algo, el mejor momento es cuando lo pienso, da igual el mes que sea.  

Pero sí que es cierto que, ya sea por cuestión cultural o puramente físico por el ciclo de rotación de la Tierra, un nuevo año te hace sentir mentalmente que cierras una etapa y empiezas otra.  

Por eso, en lugar de cerrar el año con mis nuevos propósitos, he decido hacerlo con algo que últimamente tengo más presente y he descubierto que me hace incluso más feliz.  

Agradecer. 

Sí, ya lo he mencionado en varias ocasiones en mis artículos, y quizás a ti que estás leyendo esto te sigue pareciendo una tontería. Pero si estás leyéndome es porque, o bien me conoces y da igual sobre lo que escriba que lo lees con cariño (¡al menos eso espero!) o bien no me conoces y te suscribiste porque realmente crees en lo que digo e incluso puede que te esté sirviendo de algo (¡sería maravilloso!).  

En cualquiera de los dos casos, creo que no te cuesta nada acompañarme en esto de hacer un repaso del año agradeciendo lo que tienes y, sobre todo, lo que eres, haciendo el siguiente ejercicio que te propongo.

  • Coge un folio y bolígrafo.
  • Escribe el nombre de esa persona tan importante en tu vida, esa que ha influido positivamente en las situaciones que has vivido a lo largo de este año.
  • A continuación, escribe 5 motivos por los que esa persona es o ha sido tan importante para ti, por los que le estas agradecido.
  • Ahora, con esos 5 motivos como eje principal, escríbele una pequeña carta de agradecimiento. Una carta que te salga desde el corazón, lo suficientemente larga como para expresar todo lo que sientes, pero tampoco muy larga. Media página estaría bien.

Por último, viene la parte más complicada del ejercicio y la que realmente resulta interesante.

Tendrás que leerle esta carta a la persona a la que va dirigida.

Si esa persona está viva y puedes hablar con ella, lo ideal es que quedes con ella en persona.

Llámala para quedar o busca un momento que te parezca adecuado para hablar con ella a solas. Si no puedes verla en persona por cualquier motivo, tendrás que llamarla por teléfono para leérsela.

No importa si tardas un tiempo en hacer este último paso, lo importante es que te comprometas a hacerlo. Sin excusas.

Una vez lo hayas hecho, ya sería una fantasía si vuelves a sentarte tranquilamente, coges de nuevo papel y boli, y expresas lo que has sentido a lo largo del proceso. Tanto cuando redactabas la carta, como cuando se la leíste a tu ‘personica’ del alma.

Para mí este pequeño ejercicio fue como un chute de felicidad máximo. Cuando lo hice, me emocioné muchísimo, realmente me sentí muy afortunada y agradecida por lo que tengo, y aún hoy cuando lo recuerdo me dan mini brotes de felicidad.

Espero con toda mi alma que lo lleves a cabo y lo disfrutes como yo lo hice.

Y para cerrar este artículo, comparto contigo un pequeño poema que he compuesto para expresar mi agradecimiento. A ti, que lees esto, y a la vida en general.

Porque sea cual sea nuestro camino, hemos de sentirnos sumamente agradecidos de que se nos haya dado la oportunidad de poder recorrerlo.

Gracias a ti por el simple hecho de existir,

por ser como eres, por estar ahí.

Gracias por compartir este pequeño momento conmigo,

por darme parte de tu tiempo, por habernos cruzado en el camino.

Gracias a aquellos que decidieron formar parte de mi vida,

por quererme tal y como soy, por darme ese abrazo que a veces tanto se necesita.

Gracias a todas las personas buenas que hacen que este mundo sea mejor,

a aquellos que quieren superarse cada día, que viven sin engaño, envidia ni rencor.


Agradezco estar viva, poder despertar un día más,

disfrutar de la luz del día, ser dueña de mi libertad.

Agradezco los imprevistos de la vida, lo que a veces te da y a veces te quita,

sentir un día que bailas con ella y al siguiente que ni a la fiesta te invita.

Agradezco el simple hecho de ver el sol cada nuevo día,

poder sentir su calidez en la cara, contemplar sus mil colores tras cada salida.

Agradezco cada respiración, cada latido, cada movimiento,

ser consciente de todo lo que tengo; mi vida es lo más preciado, mi cuerpo es mi templo.


¿Y si estos ojos no me permitieran ver más la belleza que me rodea?

Formas, colores, armonía y caos, ser testigo de todo lo que se destruye y crea.

¿Y si esta nariz dejara de percibir los miles de aromas que te invaden los sentidos?

Olores únicos que nos brinda la naturaleza, serenan el alma o recuerdan a seres queridos.

¿Y si esta boca no pudiera deleitarse más con el sabor de los alimentos?

Sabores que acarician el paladar, que te hacen gozarlo y compartir buenos momentos.

¿Y si estos oídos no me hicieran vibrar con cada sonido y compás, con cada palabra y silencio?

Música que quita las penas, te invita a bailar, te abraza en cada movimiento.

¿Y si mi piel no sintiera más el frío y el calor, la lluvia y el viento?

Cada caricia y abrazo, cada textura y cada estremecimiento.


No quiero centrarme en lo que no tengo,

disfrutaré de lo que hoy se me presta antes de que se vaya con el viento.

No quiero quitarle valor a las cosas buenas que componen cada momento,

seré consciente de que todo pasa, la vida es fugaz, nada es eterno.

No quiero sufrir por lo que pudo ser y no fue, por el destino incierto,

de cada fracaso se saca algo bueno, es cuestión de tener el alma siempre abierto

No quiero mirar hacia atrás y descubrir que mi vida está llena de arrepentimientos,

ahora es el momento de elegir, seguir adelante con una sonrisa o vivir con inútil sufrimiento.

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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