¿Te has preguntado alguna vez por qué eres como eres, por qué piensas, actúas y tomas decisiones como lo haces?

¿Crees que tu personalidad y tu modo de ver las cosas se basan en tu genética, o son las circunstancias las que te moldean?

Hemos escuchado muchas veces la famosa frase «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo» del escritor José Ortega y Gasset. También sabemos que nuestra niñez ha influido mucho en cómo somos, por eso es tan importante sentar desde el principio unas buenas bases en la educación de los hijos.

Sin embargo, conozco muy pocas personas que se hayan detenido alguna vez a pensar cuáles son sus circunstancias, eso que les ha hecho ser como son.

ESCRIBIENDO NUESTRA PROPIA AUTOBIOGRAFÍA

A lo largo de la vida, vamos relacionándonos con diferentes personas y pasando por muchas etapas diferentes que son únicas y van formando parte de nuestra personalidad.

La autobiografía se utiliza mucho en procesos terapéuticos para saber cuál es tu relato, lo que te ha podido afectar en tu forma de desenvolverte en el mundo, y cómo te cuentas ese relato. La historia personal es totalmente subjetiva, y la llevamos presente en la mente en todo momento sin darnos cuenta.

autobiografía

Describir tu propia vida, rememorar aquellas etapas que más te marcaron, y escribirla o verbalizarla te ayuda a pasarla a un plano más racional y consciente, a darle estructura y a detectar los patrones de comportamiento que hicieron que el niño que eras actuara como lo hizo.

La familia es un pilar muy importante en nuestras vidas y, por tanto, en nuestro relato. Nacimos en una familia única, en unas condiciones únicas, y rodeados de ciertas creencias, tradiciones y mitos.

Pertenecemos a ese grupo íntimo tanto a través del discurso como del comportamiento, por lo que no es de extrañar que todo lo que hagamos en nuestra vida vaya directamente relacionado a nuestras vivencias con la familia.

Las expectativas que los demás tenían sobre nosotros, aquello que nos dijeron, lo que callaron y cómo actuaron, sirvió para trazar los caminos que hemos elegido sin saber exactamente por qué.

Una vez que has ampliado tu foco y ves tu vida pasada desde el momento presente, podrás empezar a reformular, re-etiquetar y darle un nuevo significado a esos mismos recuerdos para dejar ir esa parte de tu niño interior que a tu yo adulto ya no le sirve.

DESDE OTRA PERSPECTIVA

En mi caso, a raíz de una publicación en una red social en la que mencionaban la importancia de analizar tu propia autobiografía para ser consciente de lo que te cuentas sobre ti mismo, me planteé hacer este ejercicio como una manera de autoconocimiento.

Y la verdad es que desde entonces no he vuelto a ver nada con los mismos ojos.

perspectiva

Muchas cosas empezaron a tener sentido. El saber por qué soy como soy en ciertos aspectos y poner el foco desde otra perspectiva me ayudó a conocerme un poco más, a detectar mis barreras mentales y creencias limitantes que ni sabía que tenía.

A partir de aquí es cuando empecé a hacer un trabajo personal para quitarme pesos de encima, a romper estas barreras y creencias que no hacen más que estorbar.

He dudado mucho de si compartir mi historia o no, pues soy una persona bastante reservada y no me gusta estar hablando de mi vida personal. Me cuesta mucho hablar de mi vida, ya sea con personas cercanas o con aquellas que menos conozco.

Pero si de una cosa va este blog es de eso, de superarme, dejarme llevar, expresarme y compartir lo que a mí me ha servido con otras personas por si también les puede ayudar a ellas.

Así que nada, aunque no sea quizás de la forma más exhaustiva posible y sin entrar en terrenos pantanosos con lo que no me sienta cómoda (prefiero dejar los puntos más dolorosos para mis sesiones de terapia), allá voy con la versión reducida de mi historia.

MI HISTORIA

Entorno

Nací en una familia de clase media trabajadora.

Mis padres eran autónomos. Desde que se casaron, montaron un bar que llevaban ellos dos solos y que estaba justo debajo de mi casa.

Mi padre trabajaba todo el santo día en el bar, desde las 5 de la mañana que abría hasta mínimo las 11 de la noche que cerraba, con algún descanso de por medio, lógicamente.

Mi madre, además de trabajar en la cocina del bar y ayudar a mi padre en todo lo que necesitara, se encargaba de todas las tareas de la casa y de cuidar a sus hijos. 5 hijos, ni más ni menos.

Toda nuestra vida giraba en torno al bar, pues tenía horario continuo.  Comíamos y cenábamos allí, y cualquier cosa que necesitáramos de mis padres, era allí donde se comentaba.

Se puede decir que nuestra vida era pública, compartida y casi comentada habitualmente con los clientes más asiduos, algo que nunca me ha gustado.

Mis hermanos mayores

Yo soy la mediana de los 5 hermanos.

Mi hermano mayor, con el que me llevo 9 años, siempre ha sido el más ‘descarriado’ de todos.

De pequeño, se sacó los estudios obligatorios por empeño de mi madre, que se sentaba a hacer los deberes con él día tras día. Era un niño travieso, al que mis padres siempre estaban riñendo y castigando por cualquier trastada que hacía, o por hacernos llorar a mi hermana y a mí.

Cuando terminó los estudios obligatorios, se puso a trabajar en la construcción algunos años, cambiando de empresa a menudo por problemas con los jefes. Hasta que llegó la burbuja inmobiliaria y no tuvo más remedio que empezar a trabajar en el bar con mis padres.

Todo lo que ganaba, se lo gastaba en salidas y fiestas, en las que más de una vez tuvo a mis padres en vilo sin saber dónde estaba ni con quién. Tiene un carácter bastante fuerte y las discusiones con mis padres eran casi diarias.

En resumen, la que debía de ser mi figura de hermano mayor y ejemplo a seguir, era en realidad el ejemplo perfecto de cómo no ser y lo que no hacer.

Mi hermana mayor, de 1 año más que yo, nació con una discapacidad desconocida. Sin haber detectado nada hasta ese momento, a los dos años mis padres se dieron cuenta de que tenía dificultad para aprender, aún no hablaba y no atendía a su nombre cuando la llamaban.

Al poco le diagnosticaron sordera y una falta de capacidad de aprendizaje que no se supo realmente de dónde venía hasta sus 30 años, cuando descubrieron que era un problema genético hereditario.

Al ser sólo un año mayor que yo, siempre la llevaba conmigo a todos lados. Desde muy pequeñas yo era su protectora, en la que confiaba cuando tenía miedo, de la que no se quería separar cuando empezamos el colegio, la que siempre la llevaba de la mano y explicaba a los mayores que se dirigían a ella que mi hermana no entendía, que era deficiente.

De hecho, cuando tenía que decidir qué carrera estudiar, me planteé hacer educación especial. Pero fue en una fiesta de fin de curso del colegio para discapacitados donde iba mi hermana donde me di cuenta de que no tenía el suficiente valor para hacerlo, me afectaba demasiado.

Mis hermanos pequeños

Después me siguen mis dos hermanos pequeños, con los que me llevo 6 y 8 años, y que son el día y la noche (de hecho los 5 lo somos). Mi hermano, el creativo, sociable, divertido y ambicioso de la familia, y mi hermana, la tranquilona, precavida, conformista y más familiar de todos.

Para todo lo que hayan necesitado, ayuda con los deberes en el colegio o consejos sobre amistad o amor de más mayores, allí estaba yo.

Ahora pienso que quizás no acudían a mí todo lo que habrían necesitado, pues yo siempre he sido bastante independiente y callada, iba como más a mi bola, pero mi madre a menudo me contaba cosas que les había pasado a mi hermanos y me pedía que hablara yo con ellos, que les aconsejara.

Digamos que sin quererlo he sido el referente a seguir, me gustase más o menos, la que tenía que poner el sentido común y la responsabilidad en todos los aspectos, la que tenía que hacer las cosas ‘bien’ para ser el buen ejemplo y el apoyo de todos. O al menos así es como lo siento a día de hoy.

Mis padres

Y ya lo más importante de todo, mis padres.

Mi padre, el hombre más sereno e impasible del mundo mundial. De esas personas a las que parece que todo les da igual y todo les viene bien. Casi sin voz ni voto en mi casa.

Al que nunca le ha gustado salir, pues siempre estaba cansado por el trabajo, pero que iba a todos lados con mi madre porque si no a ella se le caía la casa encima.

Y mi madre, la mujer con más energía y carácter del mundo mundial. De esas personas a las que nada les da igual, pues todo tiene una forma específica de hacerse y, casualmente, es como ella dice. La que se emociona por todo, con más altibajos que una montaña rusa.

La que lloraba cuando no podía salir un fin de semana después de estar matada a trabajar y la que nunca quería recogerse mientras los demás estábamos durmiéndonos por las esquinas.

Ellos, dos personas con el carácter más diferente que he conocido y que a pesar de todas las discusiones diarias ahí siguen juntos, más de 40 años después.

Admirable en ellos su capacidad de sacrificio, trabajando de sol a sol todos los días de la semana y sacando adelante a una familia tan grande con un pequeño negocio. Un negocio en el que la crisis golpeó fuertemente y que en algunas ocasiones no permitía ni pagar la factura de la luz.

Y un sacrificio que tenía como objetivo dar a sus hijos la educación que ellos no pudieron tener, la posibilidad de llegar a ser ‘algo más’.

Resultado

No es casualidad que yo sea la más ‘equilibrada’, callada y reservada de la familia, tenía que serlo para compensar el carácter extremo de los demás y las peleas diarias.

No es casualidad que yo sea la más responsable, me tocó ser el punto de apoyo de mis padres y la referencia de mis hermanos.

No es casualidad que siempre haya tenido un pensamiento de escasez, mis años de adolescencia fueron los más duros económicamente en mi casa.

Y no es casualidad que siempre haya intentado escapar en mayor o menor medida del día a día de mi familia, fue demasiado peso el que me fui echando yo misma encima.

Mi miedo a decepcionar a los demás hizo que siempre siguiera el camino que se supone que debía de seguir: ser una buena estudiante, ir a la universidad y encontrar un buen trabajo ‘de lo mío’.

La necesidad de mi madre de tener a todos sus hijos con ella me hizo cargar con la culpa del abandono cada vez que pensaba en mi deseo de vivir fuera.

Y así podría continuar enumerando un sinfín de causas-efecto que mi familia ha predispuesto en mi vida.

AHORA TE TOCA A TÍ

¿Y a dónde quiero llegar con todo esto?

Pues a que te des cuenta de que absolutamente todo el mundo tenemos nuestras cargas emocionales y mentales que llevamos arrastrando muchos años sin ni siquiera darnos cuenta.

No importa si tu vida ha sido más o menos acomodada o trágica, si tus padres eran puro amor contigo o si eras el punto de descarga de sus desdichas, si tenías más o menos dinero. Todo lo que has vivido en tu niñez y adolescencia será una carga inconsciente que llevarás acuestas el resto de tu vida.

tú

A menos que tú decidas quitártela de encima.

¿Y cómo se hace esto? Pues básicamente siendo consciente de ello, sacándolo a la luz y analizándolo de forma objetiva, como si de otra persona se tratase.

Aplica en ti esos consejos que le darías a un amigo, sé valiente y lucha por cambiar aquello que te corta las alas, aquello que no te deja ser o hacer lo que realmente te gustaría.

Es un camino largo y a veces con terrenos bastante pantanosos, de los que cuesta atravesar, pero creo que merece la pena.

Escribir tu autobiografía será el punto de partida. No es que vayas a solucionar todos tus males con esto, pero te ayudará inicialmente a entender cómo eres y de dónde vienen parte de tus creencias y tu forma de ver el mundo.

Si quieres profundizar más, siempre puedes acudir a un especialista, ya sea un psicólogo o terapeuta, que para mí es algo que recomendaría a todo el mundo (¡y más a partir de los 30, que parece que es cuando empiezan a aflorar todos nuestros fantasmas!)

Yo ya he abierto la caja de pandora.  Voy sacando poco a poco al plano consciente la base de todos mis miedos, sufrimientos e inseguridades, y sigo trabajando para ir quitando cada día un montoncito de piedras de mi mochila.

Ahora quiero que seas tú el valiente que lo haga. Porque todos podemos crear una mejor versión de nosotros mismos.

¿Te atreves a descubrir quién eres realmente y a quitar el peso de tu mochila para sacar a relucir tu mejor versión?

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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