Hay tantas formas de actuar como humanos hay en el mundo. ¿Por qué entonces solemos catalogar a otras personas como locos o raros simplemente por hacer algo que se sale de lo que consideramos la norma?

¿Qué es exactamente la norma?

Según definición oficial, lo normal es lo que se haya en su forma natural, es habitual u ordinario, sirve de norma o regla, o se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

¿Fijadas de antemano? ¿Por quién? ¿Quién decide lo que es normal y lo que no?

La cultura de cada región también establece patrones de conducta que se supone que son los normales, y se espera que todos actuemos en consecuencia. Pero, ¿qué es realmente lo normal cuando comparas dos culturas totalmente diferentes entre sí?

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La realidad es que todo nos parece raro cuando no estamos acostumbrados a ello. Un ritmo, unas palabras, un comportamiento, un pensamiento, una imagen, una moda. No les encontramos sentido hasta que se van repitiendo en el tiempo.

Tu cerebro se va adaptando a ello poco a poco y, de repente, lo que era algo rarísimo y te generaba rechazo, pasa a ser algo normal. Incluso te encanta.

Y creo que en cierto modo eso es lo que me ha pasado en mi relación conmigo misma.

A VECES SOY RARA. OTRAS VECES ESTOY LOCA

Cuántas veces habremos escuchado a alguien decirnos lo raritos que somos a veces. Que si somos la oveja negra de la familia o lo locos que estamos por hacer ciertas cosas.

Si no te apetece salir de fiesta o lo haces sin tomar alcohol, eres raro.

Si tienes una afición desconocida para los que te rodean, eres raro.

Si te gusta hablar de temas un poco más ‘profundos’ en lugar de cotillear o hablar de cosas superfluas, eres raro.

Si quieres dejar tu trabajo e irte a la otra punta del mundo a hacer lo que te salga de las narices… bueno, ahí ya directamente estás loco.

locura

Yo misma pasé de ser rarita cuando era pequeña, a estar loca de mayor. Y mira que me considero de las del montón, de las que no se arriesgan mucho, siempre intentan pasar desapercibidas, ‘ser normales’, y nunca sobresalen realmente por nada. Pero en el momento en el que haces o dices algo diferente a lo habitual, ahí está la etiqueta.

Lo bueno es que ha llegado el momento en el que disfruto teniendo ese punto de locura.

Porque lo reconozco, me gusta bailar cuando voy andando o en bici con los auriculares puestos; me encanta quedarme embobada mirando el cielo y los pájaros; me hace feliz sonreírle a desconocidos, y más aún cuando me devuelven la sonrisa; me sienta genial gritar con todas mis fuerzas cuando estoy en la montaña; y detesto seguir estúpidos protocolos que ni sé quién ni por qué los marcó.

Nuestras rarezas y locuras nos hacen ser quien somos, disfrutar de los pequeños momentos. No hay que avergonzarse de ellas ni esconderlas, sino compartirlas e incluso contagiarlas.

HERMOSAS MANÍAS

Siempre me ha llamado la atención esas pequeñas manías que tenemos cada uno de nosotros.

Me encanta conocer las manías de los demás, esas manías que nos hacen hermosamente diferentes y únicos. Ya sea por rutina, gustos o superstición, todos tenemos una forma de hacer ciertas cosas que de alguna manera nos tranquilizan.

Pero cuidado, no hablo aquí de manías que se convierten en obsesión, o incluso en trastornos obsesivos compulsivos, que generan un alto grado de ansiedad si no las haces y te quitan una parte importante de tu tiempo. Esas se las dejo a gente especializada para que hable de ellas.

Yo hablo de pequeñas manías o formas de hacer las cosas que resultan graciosas, que realmente son tonterías, a veces casi como un juego y no te afectan si no las haces.

Como ordenar los utensilios de cocina por utilidad, tamaño o color; comernos la comida del plato de forma que el último bocado sea una combinación perfecta y equilibrada de los diferentes ingredientes; lavarnos los dientes con unas pautas bien definidas; o el ritual que seguimos para arreglarnos, hacernos la maleta o cualquier preparación de un evento concreto.

Hay millones de ejemplos de manías, muchas de ellas bastante comunes y otras seguramente muy únicas en ti.

Y lo único que quiero es que identifiques las tuyas, las disfrutes y te sientas orgulloso de ellas.

LOS LOCOS DEL COÑO

Otra cosa muy diferente es que seas de esos que, en lugar de hacer locuras con su propia vida y gozar de sus hermosas manías, sin estorbar a nadie, sean los demás los que tienen que sufrirlas.

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Los que quieren imponer sus normas a los demás, montan un espectáculo si no hacen lo que ordenan, no tienen en cuenta lo que hace feliz al otro y necesitan que presten atención única y exclusivamente a sus necesidades, no es que sean unos locos, es que son lo que yo llamo locos del coño.

Relaciones tóxicas, dependencia emocional, celos, críticas, orgullo, envidia. Los locos del coño muestran todo lo peor que el ser humano es capaz de sacar de sí mismo.

Así que de esos mejor mantenerse alejados.

Pero, ¿qué pasa si eres tú mismo el que resulta ser el loco del coño?

Pues primero, enhorabuena si realmente te lo estás preguntando, porque es el inicio de todo cambio.

Segundo, espero que realmente te cuestiones si ser así te merece la pena y te ayuda a ser feliz.

Y tercero, te propongo que te centres más en buscar esas pequeñas locuras personales y liberadoras de las que hablaba antes, en lugar de poner tu foco en joderles la vida a los demás.

Así de sencillo.

Por el contrario, si no eres de esos, pero crees que tienes alguno cerca, sólo puedes hacer una cosa. Alejarte de esa persona lo antes posible.

TODOS TENEMOS UN PUNTO DE LOCURA

“La locura es el estado en que la felicidad deja de ser inalcanzable.”

-Alicia en el País de las Maravillas

De niños todos tenemos esa inocencia que te exculpa de la locura. Por muchas tonterías que hagas, nadie te va a juzgar. Al fin y al cabo sólo eres un niño, con mucho que aprender y un largo camino por recorrer.

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Conforme vamos creciendo, la sociedad nos va poniendo las cadenas de lo políticamente correcto y exigiendo que dejemos de lado esas locuras. “Ya eres adulto, no puedes andarte con tonterías. Debes ser responsable y serio, saber comportarte adecuadamente”, nos dicen.

Y bueno, me puede valer lo de responsable, pues aunque esa palabra no se suele utilizar correctamente, realmente somos los únicos responsables de nuestras decisiones y de nuestra vida. ¿Pero qué es eso de ser serios y comportarse adecuadamente? ¿Acaso ser adulto significa tener un palo metido por el culo y dejar de poder reírte de la vida misma?   

Deja de lado lo políticamente correcto y sigue jugando.

Todos tenemos un punto de locura, sólo tienes que dejar que salga.

Permítete ser tú mismo. Saborear tus pequeñas locuras, regocijarte en tus hermosas manías, sentirte orgulloso de tus grandiosas rarezas.

Vivir sólo es eso, vivir.

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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