Amor. Qué bonita palabra.

Ese flechazo a primera vista; un cruce de miradas temblorosas; un vuelco en el estómago inesperado; esa pasión desenfrenada que nos hace olvidarnos del mundo cuando dos cuerpos se encuentran…

El mundo no sería lo que es sin el instinto de reproducción de todos los seres vivos, y menos aún para nosotros sin la hermosa capacidad de darle un sentido mucho más profundo. El sentido de amar y ser amado.

El amor hacia los demás es lo más valioso que tenemos. Sin ese sentimiento nos sentimos vacíos, incompletos, casi sin vida. Es lo que nos mueve, lo que nos puede hacer superar cualquier obstáculo, por muy duro que sea.

amor

Pero en cambio, ¿cómo nos puede resultar tan difícil encontrar ese equilibrio entre amar y ser amado? Siempre esperamos recibir de la otra persona lo que nosotros mismos estamos ofreciendo. Cosa que muchas veces no pasa.

¿Cuántas veces has tenido una relación en la que uno lo da todo mientras el otro sólo pone la mano para recibir, sin hacer el más mínimo amago de dar?

Y no sólo en relaciones sentimentales, sino también en relaciones con familiares y amigos.  

Si todos tenemos claro que el amor es tan importante, ¿qué es lo que nos impide tener relaciones equilibradas y plenas? ¿Qué esperamos de los demás?

DEPENDENCIA Y EVASIÓN, DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA

Todos en algún momento hemos sentido esa necesidad de que otra persona nos ayude, nos anime a hacer algo que queríamos pero no nos atrevíamos; o incluso nos valide, reafirme nuestras decisiones o nos recuerde nuestros puntos fuertes.

Nos apoyamos en los demás para quitarnos nuestras dudas y miedos.

Necesitar a los demás no es nada malo. Al contrario, es algo muy natural. No es sino con la colaboración e interrelación entre personas que la raza humana ha llegado al nivel de desarrollo actual.

Sin un trabajo en equipo no seríamos más que otro grupo de animales en este planeta conviviendo con la naturaleza, en lugar de modificarla a nuestro antojo (a veces para bien y otras, muy a nuestro pesar, para mal).

El problema viene cuando, en lugar de tener una relación de apoyo y colaboración mutua, traspasamos los límites de la necesidad a una dependencia constante hacia otra persona como base de nuestro bienestar.

Cuando no concibes tu vida sin otra persona, no das un paso sin su aprobación y te aferras a ella, aunque eso signifique alejarte de tus propios valores y aislarte de los demás, estás en un bucle de dependencia del que resulta difícil escapar.

Dependencia y apego

Te voy a hacer una serie de preguntas que quiero que respondas sinceramente:

  • ¿Tienes una relación que supone una lucha y un esfuerzo continuos?
  • ¿Necesitas que la otra persona cambie para que la relación funcione?
  • ¿Te has alejado de lo que realmente te gusta hacer por complacer sus necesidades?
  • ¿Toleras actitudes que te hacen sentir mal simplemente por el hecho de quererle?
  • ¿Te ves en la necesidad de comportarte de cierta manera para que la otra persona te acepte y te quiera?
  • ¿Necesitas estar siempre pendiente de lo que dice y hace: controlándolo, analizando el por qué y tomándotelo todo personalmente, como si todo lo hiciera por ti o contra ti?
  • ¿Hay desconfianza en la relación?
  • ¿Tenéis discusiones continuamente en las que nada queda resuelto o no se llega a un punto en común, sino que siempre es la otra persona la que sale “ganando”?
  • ¿Tienes miedo constante de perder a esa persona?
  • ¿Tenéis objetivos y valores en la vida diferentes y has tenido que amoldarte a los de la otra persona para que la relación funcione?
dependencia

Si mientras has ido leyendo estas preguntas ni siquiera te has querido parar a pensar en una respuesta sincera ante cada una de ellas porque lo más probable es que contestes que sí… bueno, supongo que ya intuyes lo que ocurre.

El responder afirmativamente a la mayoría de estas preguntas significa que tienes una relación de dependencia nada saludable.

Y lo peor no es la dependencia en sí, sino que encima esa relación puede estar ligada a una de esas personas que se encuentra totalmente en el extremo opuesto. Los independientes y evasivos.  

Independencia y evasión

Ahora vamos al caso contrario. Responde sinceramente a las siguientes preguntas, ya sea en este caso reconociéndote a ti mismo o, quizás, a la persona con la que estás (o luchas por estar):

  • ¿Prefieres estar solo y, aunque tengas una relación, mantener la distancia lo máximo posible?
  • ¿Evitas expresar tus sentimientos para sentir que tienes el control de la relación y no parecer débil?
  • ¿Te centras más en buscar los defectos de la otra persona en lugar de las virtudes?
  • ¿Te da miedo el compromiso a largo plazo y evitas dar pasos en la relación que supongan “ir más en serio”?
  • ¿Buscas cualquier excusa para tomar distancia de los que te muestran afecto?
  • ¿Te sientes atacado fácilmente cuando la otra persona intenta expresar su malestar por algo?
  • ¿Actúas siempre a tu interés, sin tener en cuenta las preferencias del otro?
  • ¿Te sientes atraído hacia las personas que parecen no estar interesadas en ti, pero cuando te muestran interés buscas cualquier excusa para huir?
  • ¿Piensas que el problema siempre lo tienen los demás?

Todas estas preguntas muestran la forma de actuar de una persona que evita a toda costa mantener relaciones sólidas y duraderas.

Su independencia y libertad están por encima de todo, y cualquier gesto que pueda significar comprometerse con alguien les generará rechazo automáticamente.

Y no es que no quieran amar ni ser amados, ni mucho menos. Es simplemente que se sienten vulnerables cuando así lo muestran.

No quieren depender de nadie ni que nadie dependa de ellos. Cosa realmente difícil cuando muchas veces se encuentran en relaciones con personas dependientes.

Como siempre se dice, los polos opuestos se atraen.

COMO EL PERRO Y EL GATO

¿Por qué es común que una persona dependiente termine con una independiente y viceversa?

Porque esa relación hace que ambos encuentren en el otro la dosis de seguridad que necesitan en ciertos momentos, a la vez de ese tira y afloja contante que tanto engancha.

El único “problemilla” es que esa dosis de seguridad la reciben en momentos totalmente diferentes.

Me explico.

Cuando una persona con apego ansioso busca desesperadamente el cariño y la validación de una persona evasiva, ésta última obtiene en ese momento su dosis de seguridad para reforzar su independencia.

“Mira lo independiente y segura de mí misma que soy que no te necesito, mientras que tú a mí sí. Necesito mi espacio y mi libertad, y tú no me lo vas a quitar”.

Mientras tanto, la persona dependiente, al sentir que huyen de ella, siente que no es lo suficientemente buena para la otra, le da miedo perderla e intenta controlarla más y retenerla por todos los medios, empujando cada vez más a la otra para que se aleje.

En cambio, cuando la persona dependiente ha tenido suficiente de las huidas del evasivo y decide darle un escarmiento para que no crea que no puede vivir sin ella, es cuando encuentra la dosis de seguridad para dejar de perseguirlo.

“Ya está, ya me he hartado, no voy a estar siempre detrás de ti, si quiere algo ya vendrá”.

Entonces la otra persona ya no tiene necesidad de huir, se relaja e incluso echa en falta que le presten atención, buscando de nuevo la cercanía y el cariño del otro.

Empezando la historia de nuevo y entrando en un bucle adictivo de subidones y bajones continuos, momentos de adrenalina alternados con máxima miseria, que les hace a ambos sentirse vivos.

Pero, ¿realmente merece la pena estar siempre así? ¿Es eso el amor?

SOMOS SERES COMPLETOS

Nos han hecho creer que nos hace falta a esa otra persona para que nos complete, a esa media naranja que encaja perfectamente con la otra mitad que nosotros ponemos y que hace que juntos seamos un solo ser, perfecto y redondito.

disney

También nos han metido por los ojos (sobre todo a las mujeres) los cuentos de hadas: el príncipe valiente y apuesto dispuesto a luchar por la hermosa princesa que ni conoce; la dama perfecta y delicada en apuros que necesita ser salvada y se aferra al primer galán que la rescata; una boda por todo lo alto para demostrar el amor tan puro que sienten; y un matrimonio para toda la vida en el que no se muestra el día a día pero, por supuesto, es inmensamente feliz y exento de problemas.

WTF???

Doy gracias a todos los que se rebelan y me uno a los que hablan con voz alta y firme para que abramos los ojos y nos demos cuenta de que esto no es así.

Las relaciones de pareja no son cuentos perfectos, sino todo lo contrario. Es una espiral de idas y venidas; ilusión y decepción; alegrías y enfados.

Pero tampoco nos equivoquemos y nos vayamos a la otra parte, esa en la que dicen que amar significa asumir cierta parte de sufrimiento, el tener momentos de peleas para luego esperar ansiosamente la reconciliación.

Si una relación supone una lucha continua, en la que no hay un apoyo y amor mutuos, y te complica la vida en lugar de facilitártela, ¿qué te hace suponer que tienes que estar con esa persona?

Para mí, una pareja, o cualquier persona que quieres que forme parte de tu vida, ha de facilitarte las cosas, no complicártelas más de lo que ya son.

La vida ya nos pega suficientes “palos” como para que venga alguien más a seguir jodiendo.

Afortunadamente hoy en día en la mayoría de países del mundo tenemos la libertad de estar con quien nosotros decidamos, aunque la sociedad y las reglas inconscientes que ésta nos marca nos hagan pensar que lo “correcto” es seguir al lado de esas personas tóxicas o simplemente de esa persona con la que no nos entendemos.

Cada uno de nosotros somos personas únicas y completas, libres de decidir cada día con quién compartir nuestra vida.

No necesitamos a nadie que nos complete, nos salve ni nos haga feliz, sino simplemente a alguien con quien compartir nuestra felicidad, unir fuerzas para afrontar las dificultades de la vida y en quien apoyarse para conseguir objetivos tanto mutuos como independientes.

Personas a las que admires, que te complementen y de las que siempre puedas aprender algo, y con las que puedas mantener relaciones de interdependencia.

INTERDEPENDENCIA

Confianza en ti mismo

La clave para tener relaciones sanas, felices y equilibradas es la interdependencia. Y esto empieza por una base indiscutible: la confianza en uno mismo.

Una persona no puede tener una relación sana si no cultiva primero la confianza en sí misma. Este es el primer paso a dar para pasar de la dependencia a la independencia, con el fin último de la interdependencia como base en nuestras relaciones sociales.

¿Y cómo podemos trabajar la confianza en nosotros mismos?

  • Marcando límites a los demás; teniendo claro lo que quieres y aprendiendo a decir que no.
  • Teniendo muy claro cuáles son tus valores y ser fiel a ellos, sin engañarte ni obligarte a adoptar los de otra persona.
  • Explorando tus propios intereses y aficiones; viviendo experiencias sólo, sin nadie que conozcas.
  • Conociendo tus puntos fuertes y aprendiendo a aplicarlos más a menudo en tu día a día.
  • Poniéndote pequeños retos, lo suficientemente difíciles para que sean retos pero también lo suficientemente alcanzables para que no te rindas antes de intentarlo, e ir a por ellos.
  • Guardándote momentos para estar solo, aprendiendo a estar contigo mismo.
  • Evitando compararte con los demás y teniendo simplemente a tu yo del pasado como referente. Date cuenta tanto de lo que has crecido y conseguido desde entonces, como de lo que has perdido por el camino y hechas en falta. O simplemente mira lo que no te gusta de tu yo presente y quieres mejorar.
  • Enfrentándote a tus miedos y dándote cuenta de que eres más fuerte y valiente de lo que crees.

En definitiva, cultivando poco a poco en ti esa sensación de ser exactamente la persona que quieres ser; lo suficientemente buena para ti en este momento y con la seguridad que te empuja a seguir creciendo.

Esa confianza es la base para pasar de ser una persona dependiente, con miedo constante al abandono, a una que tiene el valor de alejarse cuando no la tratan con el respeto que se merece o cuando se da cuenta de que esa relación la lastra más de lo que la ayuda a avanzar.

A partir de ahí podrás construir una base sólida para dar el siguiente paso: confiar en los demás.

Confianza en los demás

Una vez que tienes la confianza en ti mismo para afrontar cualquier situación, no es sino confiando también en los demás como realmente puedes construir relaciones sólidas y de calidad.

Aunque a veces la vida resulte complicada y nos encontremos en muchas situaciones que nos hagan desconfiar de los demás, e incluso de la vida, esto nos hace alejarnos de todo el mundo y perder relaciones que quizás sí que merecían la pena.

Pensar que no necesitas a nadie y alardear de independencia no te va a ayudar a conseguir objetivos en el largo plazo.

equipo

Somos seres interdependientes que, queramos o no, necesitamos el apoyo del grupo para conseguir grandes cosas y sentirnos a la vez plenos y felices en el camino.

La decepción o el dolor que nos pueden causar ciertas personas a lo largo de nuestra vida no deben servirnos como escudo para dejar de confiar en los demás.

Estas experiencias forman parte de nuestra vida, es lo que realmente nos da lecciones valiosas y nos hace cada vez más inteligentes y fuertes.

Intenta extraer los aprendizajes de cada obstáculo, decepción o problema que se te presente, distingue entre las personas que pueden aportar valor a tu vida y las que no; y a partir de ahí, dales tu confianza.

El miedo a que te hagan daño no te protegerá ante él, pero sí que te impedirá disfrutar de las cosas buenas que te pueden pasar al abrirte a nuevas experiencias y relaciones.

Interdependencia

En el continuum de la madurez, la dependencia es el paradigma del tú: tú cuidas de mí; tú haces o no haces lo que debes hacer por mí; yo te culpo a ti por los resultados.

La independencia es el paradigma del yo: yo puedo hacerlo, yo soy responsable, yo me basto a mí mismo, yo puedo elegir.

La interdependencia es el paradigma del nosotros: nosotros podemos hacerlo, nosotros podemos cooperar, nosotros podemos combinar nuestros talentos y aptitudes para crear juntos algo más importante.

Las personas dependientes necesitan de los otros para conseguir lo que quieren.

Las independientes consiguen lo que quieren gracias a su propio esfuerzo.

Las interdependientes combinan sus esfuerzos con los esfuerzos de otros para lograr un éxito mayor.

Stephen R. Covey, “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”

Creo que no hay mejor manera de explicarlo que como ya lo hace Stephen Covey en este fabuloso libro.

Para mí este es el fin último del crecimiento personal, entender verdaderamente qué es la interdependencia y dejar que ésta forme parte de nuestra vida y nuestras relaciones.

Llegar a tener la suficiente confianza en ti mismo como para tomar tus propias decisiones, incluido a quién quieres en tu vida y a quién no, así como la suficiente confianza en los demás como para que juntos podáis conseguir cosas extraordinarias,

En resumen, decidir uno y cada uno de tus días estar rodeado de las personas que realmente aportan valor en tu vida y facilitan tu felicidad.

Y tú, ¿qué tipo de relaciones quieres tener y qué pasos vas a dar para conseguirlas?

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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3 comentarios

  1. Gracias por este artículo, a veces no nos damos cuenta de nuestros propios comportamientos hasta que los vemos desde fuera. Me ha servido para darme cuenta de cosas muy útiles para mejorar 🙂

  2. El miedo a que te hagan daño no te prtegerá ante él. Frase muy a destacar ya que a veces dejamos de vivir relaciones y experiencias por el miedo al daño pero a veces hace más daño el imaginar lo que pudo suceder y no fue, y ahí nos limitamos a vivir experiencias que posiblemente sean muy buenas y aunque no sucediera así y fueran negativas, seguro que nos ayuda a crecer para próximas. Me encanta el artículo, existe un gran debate sobre la forma individual de cada uno de ver el amor y las relaciones pero siempre como bien nos guía aquí que sea sano y con interdependencia 💖

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