A menudo buscamos sentirnos especiales.

Desde niños vamos buscando la mirada del otro, la mirada de papá y mamá, para que reconozcan lo que hacemos y nos digan lo especiales e importantes que somos para ellos.

Lo único que queremos en ese momento es que nos presten atención, nos quieran y nos cuiden. Al fin y al cabo somos sólo niños, dependemos de ellos para sobrevivir.

Una vez pasada esa etapa de niños, nos vamos formando como adolescentes y empezamos a buscar esa mirada fuera de casa. Buscamos sentirnos especiales formando parte de un grupo, que nos tenga en cuenta y nos apoye, y para ello nos adaptamos a aquello que se acepta en ese grupo.

Por un lado queremos encajar dentro de ese grupo, vistiéndonos y comportándonos como los demás, pero por otro lado queremos ser especiales, ya sea de forma individual, para que la chica o el chico que nos gusta se fije en nosotros, o con todo nuestro grupo para que los demás nos vean, nos consideren importantes o incluso nos envidien.

Cuando llegamos a la edad adulta, nos centramos en nuestra identidad individual, sin tanta necesidad del grupo y de forma más independiente que cuando eres niño (aunque no siempre sea el caso… como cuando creamos dependencia por la pareja).

identidad

Pero incluso aquí seguimos en esa búsqueda o creación de nuestro yo más especial, de cómo hacer que los demás nos vean y reconozcan el valor de todo lo que hacemos y lo que somos:

  • Comprando cosas caras
  • Viajando a los sitios más remotos y exóticos
  • Celebrando eventos por todo lo alto
  • Mostrando algo diferente que sabemos hacer
  • Exhibiendo lo perfecta o diferente que es nuestra relación con pareja, amigos o familia
  • Sumándonos a cada nueva moda…

La pregunta que yo me hago es, ¿por qué y para qué buscamos constantemente ser especiales? ¿Qué ganamos con ello?

Y por otro lado, ¿podemos deshacernos de esas ansias de ser «algo más» que a veces tanto nos encadenan?

LA NECESIDAD DE SER ESPECIAL

Indagando un poco sobre el tema, parece ser que el deseo de sentirnos especiales es una característica profundamente humana, y tiene raíces en varios aspectos psicológicos, sociales y evolutivos:

1- Búsqueda de significado

significado especial

Los seres humanos tenemos una necesidad inherente de encontrar propósito y significado en nuestra existencia. Sentirnos especiales puede dar sentido a nuestras vidas, permitiéndonos justificar nuestra presencia en el mundo y lidiar con cuestiones existenciales como la mortalidad y el infinito del universo.

Si somos especiales, nuestra existencia no es un accidente, sino algo significativo, lo que nos ayuda a navegar la incertidumbre de la vida.

2- Evolución y supervivencia

Desde una perspectiva evolutiva, los seres humanos hemos desarrollado un fuerte sentido de individualidad y pertenencia a grupos.

Sentirnos especiales, ya sea como individuos o como especie, nos puede haber ofrecido ventajas adaptativas:

  • Como individuos: sentirnos únicos puede fortalecer nuestra autoestima y motivarnos a destacar, innovar y competir, mejorando nuestras oportunidades de supervivencia y reproducción.
  • Como especie: la idea de ser especial puede haber reforzado nuestra cooperación y cohesión social, fomentando avances colectivos que han sido claves para nuestra evolución.

3- Reconocimiento social

reconocimiento social por ser especial

En las sociedades humanas, sentirnos especiales está estrechamente ligado al reconocimiento por parte de los demás. Buscamos validación y apreciación, lo que puede aumentar nuestro estatus dentro de un grupo y mejorar nuestras relaciones personales y profesionales.

Queremos sentir que nuestras habilidades, logros o características son únicas, porque esto nos da un sentido de valor y pertenencia.

4- Autoconsciencia y ego

Los seres humanos somos autoconscientes, es decir, no solo existimos, sino que sabemos que existimos. Esto nos lleva a compararnos constantemente con los demás, ya que sabemos que somos “alguien”, diferente de las demás personas o cosas, y a reflexionar sobre nuestra identidad, nuestras acciones y todo aquello que nos hace únicos.

El ego, por otro lado, nos dice que somos importantes, nos protege de sentirnos inferiores o insignificantes. Nos hace querer ser especiales, compararnos con los demás para saber en qué somos mejor y reforzar así nuestra autoestima e identidad individual.

5- Miedo a la insignificancia

universo

Aceptar que no somos especiales puede ser aterrador porque implica que nuestra vida, nuestras luchas y logros, podrían no tener relevancia en un sentido cósmico.

Querer ser especiales es, en parte, una forma de protegernos del miedo a la insignificancia y la indiferencia del universo hacia nuestras vidas.

6- Cultura y narrativas sociales

Las culturas humanas, a través de mitos, religiones, filosofías y narrativas modernas, han enfatizado nuestra importancia en el mundo o incluso en el cosmos.

Muchas tradiciones colocan a los humanos en un lugar central (como la creación en el cristianismo o el concepto del «hombre como medida de todas las cosas» en la filosofía griega), reforzando la idea de que somos especiales.

En resumen, querer ser especiales es una combinación de evolución biológica, psicología humana y factores culturales.

Este deseo refleja tanto nuestra necesidad de significado como nuestras inseguridades, y aunque puede parecer egocéntrico, también es una fuerza que ha impulsado nuestra creatividad, exploración y logros como especie.

El problema es que esta necesidad de ser especiales tiene otra cara más oscura…

EGO, AUTOEXIGENCIA Y AUTOESTIMA

La otra cara de la moneda es el estrés que nos genera compararnos constantemente con los demás y necesitar ser especiales para captar la atención del otro.

Hoy en día parece imposible no compararte con el resto del mundo, con un “resto del mundo” que es literal, con miles de millones de personas.

medios de comunicación

Antes de tener acceso a la comunicación global (televisión, radio y principalmente Internet), las comparaciones podían ser como mucho con la gente de tu entorno, de tus familiares y amigos, vecinos del barrio u otras personas del pueblo. Gente con la que realmente podías tener relación.

Y si en un espacio así de ‘reducido’ ya podía haber comparaciones odiosas, imagínate al punto al que hemos llegado hoy, cuando nos podemos comparar casi con cualquier persona del mundo: lo que tiene o no tiene, lo que hace o no hace, cómo es o no es…

La televisión y las redes sociales nos hacen ver a muchísimas otras personas, con las que no seríamos capaces de coincidir en la vida real, y nos hacen compararnos con ellas para crearnos necesidades constantemente.

Además, a esto se suman las modificaciones de la realidad que somos capaces de hacer para ensalzarlo todo mucho más, dejándonos a menudo con una sensación de ser menos que los demás, pues siempre va a haber alguien que te supere en lo que consideras que podrías ser especial.

Esto puede chafarte tu ego, hacer que te autoexijas más y dejar tu autoestima por los suelos.

Ego

El ego es la parte que más sufre cuando quieres ser especial y ves a tu alrededor un montón de personas que parecen ser más especiales que tú.

Es esa vocecilla que te dice: “tienes que ser mejor que los demás”, «tú vales más que los demás», “¡qué van a pensar si no lo haces bien, qué vergüenza!”, “eres un perdedor si no demuestras que puedes hacer esto”, “haz que te miren, que vean lo bien que lo haces, que te elogien y envidien”…

ego

En resumen, esa vocecilla que te machaca hasta más no poder para demostrar que eres superior, especial, mejor, o como quieras llamarle. O, si no eres más que los demás, al menos demostrar que no eres menos para que no se burlen de ti.

Uno de los problemas más importantes del ego es que busca validación constante en los demás para sentirse importante o valioso. Sólo comparándose con los demás puede formar su propia auto-imagen, tener una base o medida a partir de la cual eres válido o no.

Y como comentaba antes, ¿qué posibilidad tenemos hoy en día de ser mejor que los demás si el listón lo pueden marcar las personas top en el mundo, aquellas personas que son extraordinarias y que por eso aparecen más en los medios? Sea o no sea real…

Autoexigencia

La autoexigencia es una de las consecuencias más directas de la necesidad de sentirse especial en un mundo lleno de comparaciones.

Esta presión interna, alimentada por el ego y amplificada por el contexto social, puede llevarnos a fijar metas inalcanzables o poco realistas. Nos decimos: “Si esta persona logró esto, yo también debo hacerlo o superarlo”.

autoexigencia

Y así, sin darnos cuenta, convertimos nuestras vidas en una carrera interminable en la que nunca somos suficientes.

Lo peor es que esta autoexigencia está más impulsada por el miedo a no ser reconocidos que por un deseo genuino de crecimiento. Nos esforzamos no porque queramos mejorar, sino porque tememos el rechazo, la mediocridad o el olvido.

Este enfoque no sólo genera estrés, sino que también puede derivar en agotamiento físico y emocional, ansiedad y, en los casos más extremos, depresión.

Además, la autoexigencia está intrínsecamente ligada a la idea de perfección.

En un mundo idealizado por las redes sociales, donde la realidad está cuidadosamente editada y filtrada, parecer perfecto es un estándar que nunca podremos alcanzar, porque la realidad es que lo perfecto no existe.

Sin embargo, seguimos intentándolo, creyendo que si no lo hacemos, estaremos fallando no sólo ante los demás, sino también ante nosotros mismos.

Autoestima

Cuando la necesidad de ser especial y la auto-exigencia se entrelazan, la autoestima suele ser la primera en pagar el precio.

La autoestima, que debería ser una fuente interna de valor y autocompasión, se convierte en algo frágil y dependiente de factores externos: las opiniones de los demás, el número de ‘me gusta’ en una publicación, o cómo nos comparamos con las vidas aparentemente perfectas de los demás.

Esta dinámica crea un ciclo autodestructivo. Cuanto más nos esforzamos por ser especiales y cuanto más nos comparamos, más difícil es sentirnos satisfechos con nosotros mismos. Nos enfocamos tanto en lo que no somos o no tenemos, que olvidamos reconocer nuestras propias fortalezas y logros.

La falta de autoestima no sólo nos afecta a nivel individual, sino que también influye en nuestras relaciones. Podemos convertirnos en personas excesivamente críticas o dependientes, buscando en otros la validación y perfección que no encontramos en nosotros mismos.

Esto perpetúa la insatisfacción, pues ningún elogio externo puede llenar el vacío que deja una autoestima debilitada.

SOMOS DEL MONTÓN

La realidad pura y dura es que todos y cada uno de nosotros somos del montón, incluso los que parecen extraordinarios.

Por mucho que puedas sobresalir en un aspecto de tu vida, como tu energía y tiempo son limitados, y para ser el mejor en algo hay que dedicarle mucho de ambas cosas, siempre van a haber otros aspectos que tengas que dejar de lado, en los que serás del montón.

no somos especiales - multitud

Además, las cosas que puedas hacer para sobresalir probablemente sólo podrás hacerlas en momentos puntuales, por lo que el resto de tu tiempo, la mayoría, lo cubrirás también con cosas banales, rutinarias o sin mayor importancia (al menos para los demás).

En cualquier caso, la vasta mayoría de nuestra vida, sólo en unos pocos casos, o incluso toda nuestra vida para la mayoría de mortales, no es para nada especial, sino bastante normalita.

La necesidad que se nos ha inculcado de ser especiales choca directamente con la cruda realidad de ser del montón, y cuando no queremos aceptarlo, entramos en un círculo vicioso de hacer más, ser más y mostrar más para no sentirnos nunca satisfechos y seguir intentando hacer más, ser más y mostrar más. Uuuna y oootra vez.

Incluso a veces algunos prefieren sobresalir por parecer los más desgraciados, más tontos o más miserables antes que ser del montón y que nadie se fije en ellos. El ansia de ser especial no tiene límites.

¿Qué ocurre si no somos especiales?

Tómate un momento para pensarlo bien y responde a esta pregunta tú mismo: ¿qué ocurre realmente si no eres especial, si no tienes que ser especial?

A mí personalmente, me encanta la explicación de Mark Manson a esta pregunta en su libro “El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda”:

“Toda esta farsa de que ‘cada persona puede ser extraordinaria y conseguir la grandeza’ básicamente infla tu ego. Es un mensaje que sabe bien conforme lo masticas, pero en realidad no es más que calorías vacías que te engordan e hinchan emocionalmente. Es un Big Mac para tu corazón y tu cerebro.

El billete hacia la salud emocional – y también hacia la salud física – se consigue al comer verduras, es decir, al aceptar las aburridas y mundanas verdades de la vida; verdades como ‘tus acciones en realidad no importan tanto en el gran esquema de las cosas’ y ‘gran parte de tu vida será aburrida y no notable, y está bien’.

Este plato vegetariano te sabrá mal al principio. Muy mal. Y evitarás aceptarlo.

Pero una vez ingerido, tu cuerpo despertará más potente y más lleno de vida. Después de todo, la presión constante de ser algo fantástico, de ser la revelación del año, dejará de ser una carga. El estrés y la ansiedad de siempre sentirse inadecuado y de necesitar ponerte a prueba de manera constante, se disiparán. El conocimiento y la aceptación de tu propia existencia mundana, de hecho, te liberarán, para que logres lo que siempre soñaste conseguir, sin juicios ni expectativas inalcanzables.

plenitud

Comenzarás a desarrollar una apreciación por las experiencias básicas de la vida: los placeres de una amistad sencilla, crear algo, ayudar a alguien que lo necesite, leer un buen libro, reírte con alguien que te importa.

Suena aburrido, ¿no? Es porque estas cosas son ordinarias. Pero quizá son ordinarias por una razón: porque son lo que realmente importa.”

Y yo añado ahora algunos puntos prácticos más.

El camino hacia un equilibrio saludable

Para contrarrestar estos efectos negativos del querer sentirnos especiales, es esencial replantearnos nuestra relación con el ego, la autoexigencia y la autoestima que mencionaba antes, e ir dando pequeños pasitos para ir soltando este lastre:

  • Reconocer nuestro valor intrínseco: entender que no necesitamos ser perfectos ni mejores que los demás para ser valiosos es la clave de todo. Nadie es más que nadie por tener más, todos somos exactamente igual en esencia, seres humanos imperfectos, y esta imperfección es lo que nos conecta con los demás de manera auténtica.
  • Practicar la gratitud y el reconocimiento propio: dedicar tiempo a reflexionar sobre lo que tenemos y lo que hemos logrado puede ayudarnos a desarrollar una perspectiva más positiva y equilibrada de nosotros mismos. Seguro que tienes mil cosas que reconocer y agradecer sobre lo que tienes hoy, tal y como es, sin necesidad de que sea extraordinario.
  • Limitar las comparaciones: reducir nuestra exposición a las redes sociales o ser más conscientes de cómo nos afectan puede ayudarnos a frenar las comparaciones innecesarias. No te compares con los demás; en su lugar, compárate contigo mismo, con tu versión de años atrás con respecto a tu yo actual, y decide ahora cómo quieres que sea tu próxima versión.
  • Cultivar la autocompasión: ser amables con nosotros mismos, especialmente en momentos de fracaso o duda, es crucial. La autocompasión nos permite reconocer nuestras luchas sin juzgarnos, y nos ayuda a construir una autoestima más sólida y resiliente.
  • Construye desde el corazón: la mejor manera de construir tu vida o hacer cosas relevantes es desde el corazón, disfrutando de lo que haces y hacerlo porque realmente te ilusiona, te hace feliz, te mueve por dentro, en lugar de hacerlo buscando que los demás reconozcan lo que haces. Construye desde el corazón y no necesitarás que nadie te diga que lo estás haciendo bien.

En definitiva quédate con la fórmula que más te guste, simplemente aceptando tu normalidad y soltando esa presión de tener que ser algo más, o dando pequeños pasos para reducir tus comparaciones con los demás, tu ego y auto-exigencia, para centrarte en lo que realmente importa: tu bienestar y felicidad.

Entiende que no eres ni más ni menos que los demás, todos somos seres humanos viviendo una corta vida en este planeta. Depende de ti el querer disfrutar de cada uno de tus días aquí o seguir persiguiendo una meta inalcanzable.

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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