Nunca me he considerado una persona muy optimista. Diría más bien lo contrario, siempre he pecado más de pesimista.

El miedo a que las cosas no salieran bien y a decepcionar a los demás, o incluso a mí misma, me hacía ponerme siempre en el peor escenario posible. De esta forma, si salía bien, pues genial; en caso contrario, me decía a mí misma que no pasaba nada, que era lo que esperaba.

Por ejemplo, no es que no me preparara para los exámenes, al contrario, pero prefería decir que me había salido mal o que no sabía cómo me había ido para que, en caso de suspender, nadie pudiera recriminarme nada. Aunque luego casi siempre aprobara.

Y lo mismo con cualquier otro objetivo que tuviera. Poniéndome el listón bajo y haciéndome a la idea de que no me saldría bien, me quitaba la presión de encima.

Pero he de decir que, a pesar de lo bien que me funcionaba este método para evitar el sufrimiento, este pesimismo me hacía que ni siquiera fuera capaz de celebrar los éxitos. Era como si no los mereciera, como si fueran resultado de una mera casualidad o cuestión de suerte, porque realmente no esperaba conseguirlos.

fracaso

A partir de ahí supongo que fue donde empezó mi gran ‘síndrome del impostor’. Ese que siempre me susurra que no soy lo suficientemente buena, que no lo voy a conseguir, que estoy engañando a los demás y creen que soy mejor de lo que realmente soy.

Con el tiempo, aunque sigo teniendo encima ese martilleo de no ser lo suficientemente buena, he ido entendiendo que realmente no me hace falta ser optimista o pesimista.

La clave está en ser realista.

OPTIMISMO vs PESIMISMO

Investigando un poco sobre este tema, he encontrado multitud de artículos y vídeos que hablan sobre la importancia del optimismo para tener una buena salud emocional y saber enfrentar situaciones difíciles.

Curiosamente, también podemos encontrar artículos que defienden la postura contraria, que algunos enfoques pesimistas también pueden tener beneficios, como lo que comentaba que me pasaba a mí de adoptar una posición defensiva ante el fracaso.

Lo cierto es que ya sean unas posturas u otras, todas me llevan a la misma conclusión: de nada te sirve el optimismo o el pesimismo si no se aplica sobre una base de realidad.

optimista vs pesimista

En el caso de una persona pesimista, su tendencia es de ponerse siempre en el peor de los casos al considerar las alternativas a un suceso futuro. También tiende a justificar los malos resultados con explicaciones vagas, subjetivas o con ataques a sí mismo, a su propia “valía”.

En el lado opuesto, los optimistas intentan siempre buscarle el lado bueno a todo, a centrarse en los aspectos positivos de los sucesos y a considerar únicamente los resultados con éxito. Su autoestima suele estar bastante por encima de las personas pesimistas. Incluso a veces pueden llegar a fantasear demasiado, a dar por sentado que todo saldrá bien sin realmente molestarse en hacer nada para conseguirlo.

Por supuesto que ser optimista es mucho mejor que estar en el lado del pesimismo, pues una mentalidad positiva siempre te ayudará a afrontar mejor los problemas y a experimentar nuevos retos sin miedo. Pero si nos quedamos en el simple hecho de ser positivos o negativos, nos centraremos en explicaciones demasiado simplistas, genéricas e incontrolables a lo que sucede.

Realismo

El realismo, por el contrario, hace que dejes de lado tu discurso mental, ya sea bueno o malo, y te centres en la pura realidad y en lo que verdaderamente está en tus manos para obtener el mejor resultado posible.

optimista, pesimista, realista

¿De qué te sirve fantasear con que vas a conseguir esa beca, puesto de trabajo o dar la vuelta al mundo si no haces todo lo posible para conseguirlo? ¿Qué sentido tiene cerrarte en que todo te va a salir mal y decirte a ti mismo lo torpe o inútil que eres cuando así ocurre?

Por mucha confianza que tengas en ti mismo y por muy brillante que veas tu futuro, aunque a veces la suerte puede jugar a tu favor, en general no te van a caer del cielo las cosas. Y con un discurso mental de auto-flagelación, sufrimiento o pena por uno mismo tampoco vas a llegar muy lejos.

Lo que nos ayudará a alcanzar nuestros objetivos será estudiar la realidad con explicaciones variadas, específicas y controlables, pero no sin antes analizar y cuestionar nuestras creencias, pensamientos y emociones.

CREENCIAS LIMITANTES, PENSAMIENTOS Y EMOCIONES

Ser realista, como todo en la vida, es cuestión de práctica.

Si nunca te han enseñado cómo tener pensamiento crítico y una visión objetiva de la realidad, sino que te has dejado llevar por tu percepción subjetiva y en lo que tu mente traicionera te dice, es difícil cambiar de un día para el otro.

Tendremos que poner en práctica esa mirada hacia la realidad paso a paso.

creencias

Lo primero, como siempre, es darnos cuenta del discurso interno que solemos tener y de cómo nuestras creencias limitantes, pensamientos y emociones influyen en nuestra percepción de la realidad.

Para ello, puedes hacer un auto-análisis de tu mente y comportamientos con una sencilla sucesión de preguntas.

Optimista o pesimista

¿Cómo sueles contemplar los resultados pasados? ¿Tiendes a ver la parte buena de lo que te sucede o más bien la mala?

¿Te lanzas a hacer las cosas confiando en que te saldrán bien o ni siquiera lo intentas porque estás convencido de que fracasarás?

Cuando te enfrentas a situaciones nuevas, ¿las enfrentas con decisión, confiando en que te saldrán como tú quieres, o sueles ponerte en el peor escenario posible?

En base a tus respuestas (aunque seguramente algo intuías…) sabrás si eres más del mundo optimista o del pesimista.

Creencias limitantes vs Mundos de Yupi

¿Qué explicación le sueles dar a lo que te sucede?

Pesimistas: ¿te culpas a ti mismo o a tu mala suerte por todo lo que te sale mal? ¿Te comparas con otros? ¿Tienes creencias limitantes tienes sobre ti mismo? Como por ejemplo, cuando te dices que eres torpe, que nunca se te han dado bien X cosas, nunca llegarás al “nivel” de X persona o no tienes suficiente de X característica para tener éxito.

Optimistas: ¿sobrevaloras lo que eres capaz de hacer y el tiempo disponible para ello? ¿Sueles dejar los resultados al azar confiando en que todo te saldrá bien? Si sale mal, ¿lo olvidas automáticamente? ¿Idealizas a las personas, lo que son capaces de hacer, y a los acontecimientos futuros? ¿Haces como si las situaciones malas no existieran?

pensamientos

Ya seas optimista o pesimista, si respondes afirmativamente a estas preguntas es que estás lejos de valorar las circunstancias y a ti mismo de forma realista. Más bien vives en el mundo de tu mente y de la subjetividad de tus pensamientos.

La mayor parte del tiempo, son los pensamientos sobre ti mismo y sobre el mundo los que te hacen sentirte de una manera u otra, aunque estos no existan en la realidad.

Date cuenta de ello y empieza a cuestionar la evidencia que te muestra tu discurso interno, así como su utilidad. ¿Para qué te sirve pensar así?

CUESTIONA TU PENSAMIENTO

Tras hacer tu auto-análisis, cuestionar tu forma de ver el mundo y saber qué mecanismos de defensa utilizas para enfrentar la realidad (porque el optimismo o el pesimismo no son más que eso, mecanismos de defensa), es el momento de pasar a la parte más dura: enfrentarte a tus pensamientos.

  • ¿Cuál es la lógica detrás de cada pensamiento? ¿Por qué crees que piensas así? Para protegerte, para no tener que enfrentarte a situaciones nuevas, para conseguir la aprobación de los demás, por miedo a las consecuencias…

  • ¿En qué medida lo que piensas es real y demostrable? ¿En qué te basas para pensar así? Busca ejemplos concretos, datos reales, que no se basen en afirmaciones absolutistas – todo/nada, siempre/nunca – porque lo que se dice de forma absoluta no suele ser real.

  • ¿Puedes ponerte en la posición contraria de lo que crees que ocurrirá y seguir siendo algo factible? Pensar en que tienes la misma posibilidad de que ocurra lo contrario te ayudará a cuestionar la realidad de tu pensamiento.

  • ¿Puedes buscar ejemplos en tu vida en los que hayas actuado de forma diferente a tu creencia? ¿Por qué actuaste de forma diferente y qué aprendizaje puedes obtener de eso?

  • ¿De qué forma eres responsable de lo que te ocurre o pueda ocurrir, ya sea malo o bueno? Piensa en qué podrías haber hecho tú en esa situación pasada o qué puedes hacer tú ahora para cambiar los resultados.
observar

Intenta ponerte en la posición de una persona que observa la situación desde fuera, como si entablaras una conversación, y sé honesto contigo mismo. Nada es blanco o negro, positivo o negativo, sino que todo tiene sus matices, distintas explicaciones y puntos de vista según el lugar desde el que lo observes.

Lo que nos haya ocurrido en el pasado no tiene porqué ser lo que se repita en el futuro. Recuerda, tú eres el único responsable de tu vida y de actuar de forma diferente para obtener resultados diferentes.

La mente siempre nos va a intentar llevar por el camino que ya conocemos y las soluciones o explicaciones que nos resulten más cómodas para no correr riesgos. Y esto a veces nos ayuda, pero muchas otras nos interesará enfrentarnos a ella y cambiar nuestro comportamiento para cambiar los resultados.

Para conseguir lo que te propongas de una forma realista, deberás elaborar un plan concreto y factible, con expectativas realistas y preparándote de antemano para los posibles obstáculos que puedan surgir.

OBJETIVOS vs PLAN DE ACCIÓN

Cuando pensamos en algo que nos gustaría conseguir, tendemos a fijarnos sólo en el objetivo final y en lo difícil que es llegar hasta ahí.

Nos abrumamos con la cantidad de cosas que tendríamos que hacer y cambiar para obtener los resultados. Y ahí es cuando empezamos nuestro juego mental de “no soy capaz, para qué lo voy a intentar” o de “bueno, yo tiro pa’lante y ya veré, seguro que sale bien”.

En este sentido, los optimistas siempre tendrán ventaja sobre los pesimistas, pues no se quedan paralizados. Al no tener esos miedos y prejuicios sobre sí mismos o sobre la mala suerte, al menos echan a andar y lo intentan.

Pero lo dicho, en cualquier caso tendrás que diferenciar entre objetivos-expectativas versus el plan de acción real que se puede implementar para ser lo más realista posible en los resultados.

Y para ello, este plan de acción deberá marcarte unas pautas que sean:

plan
  • Variadas: en lugar de quedarnos en el “me gustaría conseguir esto”, haremos una lista de acciones que podríamos hacer para conseguirlo: aprender, practicar, buscar  información, ahorrar, preguntar a otros…
  • Específicas: describir esas acciones de la forma más específica posible, el cómo, cuándo, dónde y con quién las vas a hacer.
  • Controlables: asegurarte de que son acciones que dependen única y exclusivamente de ti, que están bajo tu control, y que realmente son alcanzables.

Por ejemplo, si lo que quieres es cambiar de trabajo, tendrás que plantearte qué nuevo trabajo quiere encontrar, formarte en ello si es diferente al actual, hablar con personas que ya trabajan en eso, buscar empresas del sector y echar currículums. Y todo esto lo harás tales días, a tal hora, por Internet/presencial y con ayuda de tal persona.

E incluso puedes seguir este mismo sistema para darle explicación a sucesos que te hayan salido mal en el pasado. Haz una recopilación de las diferentes explicaciones que pueden haber influido en ese resultado y de las acciones específicas, que dependían de ti, que podrías haber hecho para que fuera diferente.

De esta forma pasarás de ver lo ocurrido como un ejemplo de tu mala suerte o tu falta de capacidad a un aprendizaje para futuras ocasiones.

Obstáculos y escenarios

Por último, tras elaborar detenidamente tu plan de acción, prepárate para los diferentes obstáculos que pueden surgir,  así como para los distintos escenarios que pueden ocurrir, lo mejor, lo peor y lo probable.

¿Qué problemas puedes tener por el camino? ¿Cómo te puedes preparar de antemano ante ello? ¿Qué es lo mejor, lo peor y lo probable que puede ocurrir?

Haz una lista, recréate en los detalles lo máximo posible.

obstáculos

Porque la vida a veces no nos lo pone fácil, es cierto, pero si te preparas de antemano e incluyes en tu planificación los problemas que te puedes encontrar, te resultará mucho más fácil resolverlos.

Quizás, en el mejor de los casos conseguirás lo que te has propuesto de forma facilísima, casi sin esfuerzo, y con un resultado por encima de tus expectativas.

En el peor de ellos, no lo conseguirás e incluso podrías perder lo que ya tienes. Y si te detienes a pensarlo bien, ¿realmente es tan malo el peor de los casos? ¿Acaso no encontrarías una forma de adaptarte a las circunstancias, solucionarlo e incluso sacarle una parte buena, esa que te haría ser más fuerte y aprender algo nuevo? Describe la situación, ¿qué harías?

Pero, el más probable y realista es el que vale. Ese que quizás te cueste algo de esfuerzo y tiempo, que conlleve varios intentos en el camino, pero que serán los que te vayan enseñando y te ayuden a conseguir finalmente lo que quieres.

Actúa, eso es lo importante. No te quedes encerrado en tu imaginación y en cómo deberían o podrían ser las cosas. Si quieres algo, prepárate para ello y ve dando los pasos necesarios para conseguirlo. Cada nuevo paso te llevará más cerca de donde realmente quieres estar.

¿Tú cómo quieres ser? ¿Optimista, pesimista o realista?

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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2 comentarios

  1. Elegir las cartas que tengo encima de la mesa sabiendo que el contrario las puede tener mejores, o por supuesto, peores.
    Yo quiero ser realista!

    1. Efectivamente JP! Nunca se sabe las cartas que lleva la otra persona, pero sí lo mejor que podemos hacer nosotros con las nuestras. Me alegro que seas del club de los realistas, gracias por tu comentario!

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