¿Te ha pasado alguna vez que por más empeño pones en que algo salga como tú quieres, la vida te juega una mala pasada y termina ocurriéndote todo lo contrario? ¿Por qué el destino es así de caprichoso?, nos preguntamos. ¿Por qué a mí? ¿No puede salirme nunca nada bien?

Pues bien, estas son las preguntas a las que voy a intentar responder hoy, así como darte las claves para que la vida no te juegue malas pasadas, si no que seas tú quien la controla y obtenga de ella todo lo que quiera.

DESTINO Y MALA SUERTE

Antes de nada, he de decirte que yo también me hacía estas mismas preguntas.

Siempre culpaba a la vida, al universo, al cosmos o a quien fuera por no salirme las cosas como yo quería que me salieran. Por ponerte algún ejemplo:

  • Me quería ir de Erasmus a Inglaterra, pero me dieron plaza para Francia, pues la nota no me daba para coger plaza donde yo quería.
  • Tras acabar la carrera, tenía claro que quería trabajar en cualquier departamento que no fuera el de ventas. Pues bien, acabé trabajando ni más ni menos que de comercial.
  • También tenía claro que quería trabajar fuera de España, o como poco fuera de mi región. ¿Qué pasó? Pues que todas las oportunidades de trabajo que me ofrecían eran en mi misma región.
  • Como no conseguía trabajo en el extranjero y estaba cansada de la rutina de mi trabajo, decidí cogerme una excedencia para irme a Australia a estudiar inglés. Y esta vez sí que me fui. El único ‘problemilla’ que tuve es que a los dos meses de estar allí se desarrolló una pandemia mundial y me tuve que volver a mi casa con las mismas.

Y así podría seguir con muchos ejemplos más. Curioso el destino, ¿verdad?

suerte

Pues a veces sí y a veces no.

El azar siempre juega un papel importante en nuestras vidas, pues todos los resultados de las decisiones que tomamos tienen una parte de probabilidad. Lo que llamamos ‘estar en el sitio y la hora adecuados’.

Pero siento decirte, igual que sentí decirme hace un tiempo a mí misma, que la mayoría de veces no es la vida ni el destino los que quieren joderte, los que quieren reírse de ti, ingeniándoselas para que nada te salga del derecho. Muchas veces eres tú mismo.

Tú eres el responsable directo de la mayoría de cosas que te ocurren.

Aunque pienses que tú tienes las cosas claras y es el destino quien te pone siempre la zancadilla, no es así.

Tener tus ideas claras no hace que ocurran por sí solas o exactamente como tú quieres. Hay varios aspectos más a tener en cuenta para tener éxito, y entre ellos está uno de los más importantes: la consideración de opciones, tanto en la decisión como en los resultados.

DECISIONES

Las decisiones que tomamos las podríamos clasificar de la siguiente manera:

  • Cómodas – La ley del mínimo esfuerzo
  • En base a otros – Teniendo en cuenta las decisiones que tomarían los demás o simplemente ‘por el que podrán decir’
  • A lo loco – Lo primero que piensas, el ‘esto mismo’.
  • Inteligentes – Valorando opciones objetivamente, pros y contras, según tus capacidades, situación actual, etc.

¿Y qué hay de diferente este unos tipos de decisión y otros?

Pues que en los 3 primeros casos estás dejando casi completamente al azar lo que ocurrirá a raíz de tus decisiones, mientras que en el último caso eres tú quien toma las riendas de tu vida y pone el foco realmente en lo que quiere, en lo que te dicta tu corazón, inteligencia y situación.

Como bien explica Ángel Alegre en varios posts que publicó sobre el azar súper interesantes (https://viviralmaximo.net/blog/), la única forma de intentar poner la balanza del éxito a nuestro favor es realizando acciones que tengan más probabilidad de éxito, como por ejemplo aquellas que dependan de ti en mayor medida, y repitiendo esas acciones hasta que el azar juegue a tu favor.

Si te das cuenta, no estamos diciendo que el destino, azar, suerte, o como quieras llamarlo, no juegue un papel importante en nuestras vidas, sino que lo que está en nuestras manos es tomar las acciones necesarias para minimizar riesgos e incrementar la probabilidad de éxito.

Por seguir con los ejemplos que daba antes sobre mí. Si tenía claro que quería irme de Erasmus y que quería una plaza específica, me tendría que haber esforzado más en los años anteriores de carrera para mejorar mi nota media. O si quería trabajar en el extranjero, debería haber puesto mi foco en eso al 100% y echar currículums hasta conseguirlo, en lugar de aceptar lo primero que se me presentara.

Esas conclusiones las he ido sacando y entendiendo con los años, porque cuando era adolescente no me paraba a pensar en esas cosas. Iba siempre a la ley del mínimo esfuerzo.

Por eso ahora me parece interesante compartirlas contigo, para que abras tú también los ojos y dejes de culpar al mundo. Para que tomes las riendas de tu vida.

Esto lo explica también muy bien Alex Rovira en su libro ‘La buena suerte’. Es una fábula cortita y fácil que te leerás de una sentada, pero a la misma vez te abre la mente a una nueva forma de pensamiento. A que la suerte puede jugar o no a tu favor, pero que si tú llevas a cabo las acciones necesarias para aumentar tu probabilidad de éxito, serás tú mismo quien estará creando tu buena suerte.

RESULTADOS

Pero esto no acaba aquí.

Como comentaba, hay otra parte en el proceso de decisión, y no menos importante, que es la valoración de los resultados y las nuevas opciones que se abren tras ellos.

bien

Ya hemos dejado claro que todo en la vida tiene su parte de azar. Entonces, lo primero que debemos de aceptar es que a veces las cosas saldrán bien y otras veces, en cambio, saldrán mal (o al menos no como nosotros queríamos).

Por tanto, lo más importante para disfrutar del camino es aceptar lo que te pase:

  • Si sale bien, perfecto, sigues adelante
  • Si sale mal, no pasa nada. Se te abre una nueva oportunidad para aprender y volver a redirigir tus decisiones o incluso explorar otras posibilidades que ni siquiera habías tenido en cuenta previamente.

No juzgues los resultados como buenos o malos, porque en realidad no lo son. Los resultados son lo que tú quieras que sean. Es tu percepción e interpretación de ellos lo que hace que los juzgues de una manera u otra.

¿No te ha pasado alguna vez que algo ha salido totalmente al contrario de como esperabas y, aunque al principio esto te ha causado enojo, malestar o tristeza, luego se te han abierto otras puertas maravillosas? Puertas que no sabías que existían y que no se habrían abierto si te hubiera salido todo como querías.

Eso sí que es lo fascinante y bonito de la vida, que nunca sabes lo que te depara el destino, ¿no crees?

En resumen:

Aprovecha las oportunidades que se te brindan cuando ocurre lo inesperado.

Abre los ojos a nuevas posibilidades.

Curiosea y no dejes de crecer.

No juzgues, sácale el máximo partido a lo que tienes AHORA.

Y para eso, te propongo que hagas una cosa:

Piensa en cosas que no te han salido bien a lo largo de tu vida. Anótalas.

Y ahora piensa en lo bueno que te han traído, lo que has aprendido de ellas y otros aspectos positivos e inesperados que han arrastrado.

Cuando lo hagas, te aseguro que entenderás todo lo que te acabo de decir.

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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