El mundo está estresado.

No es nada nuevo que se hable del incremento de nuestros niveles de estrés y ansiedad, de cómo el ritmo de vida frenético que nos hemos ido imponiendo como sociedad debilita nuestra salud sin apenas percibirlo.

Un día te despiertas y te das cuenta de que te duele la mandíbula. Otra tarde, estando tan tranquilamente en casa, notas una opresión en el pecho, como que te falta de aire. Te levantas y coges algo para picar e intentar quitarte esa extraña sensación de encima. Empiezas a perder la motivación y la energía. Cuando terminas de trabajar no te apetece hacer nada, sólo quieres tumbarte en el sofá y no pensar. Lo que te genera más apatía y desmotivación.

Y así, poco a poco, van apareciendo síntomas de estrés que empiezan a acompañarte en tu día a día y casi que das por algo normal, pues lo vas hablando con los que te rodean y a la mayoría de ellos les ocurre lo mismo.

¿Te suena?

El estrés es bueno en ciertos momentos. Al fin y al cabo es un mecanismo de defensa y supervivencia extraordinario que nos ha servido a lo largo de la historia para ponernos en alerta ante un peligro y aumentar en nuestro cuerpo los niveles de cortisol y adrenalina.

Estas hormonas, hacen que seas capaz de reaccionar mucho más rápidamente a esos peligros, bombeando más sangre a tu corazón y dándote un chute de glucosa, entre otras cosas, para que tengas la fuerza necesaria para huir o luchar.

El problema viene cuando estos niveles se mantienen en el tiempo.

Vidas ajetreadas, exceso de responsabilidades, jefes exigentes, ruidos y estímulos constantes, auto-exigencia y preocupaciones varias componen la vida de muchos de nosotros. Una carga psicológica que hace creer a tu cuerpo que estás en peligro constantemente.

¿Cómo podemos estar tan poco conectados con las señales de nuestro cuerpo? ¿En qué momento dejamos de escuchar lo que nos quería decir? ¿Se puede hacer algo para remediarlo?

SÉ CONSCIENTE DE LO QUE TE OCURRE

Lo más importante es que te des cuenta de ello.

Analiza tu día a día, tus sensaciones físicas y emocionales. Busca los síntomas de este estrés que te están diciendo que tu salud se está resistiendo, esos síntomas con los que tu cuerpo te está pidiendo a gritos que pares un poco, que te pongas a salvo: cansancio constante, apatía, la ansiedad, falta de aire y, cada vez más común, dolor de mandíbula.

Sé consciente de lo que te ocurre.

No pienses que la solución es aumentar tu tolerancia al estrés, porque eso hará que tus niveles de estrés no dejen de aumentar. Y tampoco caigas en el error de asumir que no puedes cambiarlo.

“Es que no te imaginas la presión que tengo en el trabajo, es normal que esté estresado”; “tengo muchísimas responsabilidades y no llego a todo”; “tengo muchos problemas y preocupaciones en mi vida ahora mismo, parar no es una opción,”.

Todo lo que digas será verdad. Todos tenemos motivos aparentes para estar estresados de una forma u otra. Por eso mismo el estrés es algo común a nuestro alrededor, un problema demasiado generalizado. Pero a la misma vez, esto no quiere decir que crucemos los brazos, lo aceptemos y no hagamos nada por gestionarlo y reducirlo.

7 HÁBITOS CONTRA EL ESTRÉS

A continuación te voy a dar 7 sencillos hábitos, pero a la vez muy potentes, que a mí misma me han ayudado a ser capaz de gestionar mejor este estrés diario.

Algunos de ellos te ayudarán a reducir tu estrés general y otros se centran concretamente en reducir el dolor y tensión de mandíbula.

Reduce tu tolerancia al estrés

estrés

Aunque sea lo contrario a lo que nos han enseñado a la mayoría de nosotros, cuanto menor es nuestra tolerancia al estrés, mejor nos va psicológicamente. El Dr. Richard Carlson lo explica muy bien en su libro ‘Tú sí puedes ser feliz pase lo que pase’.

Cuando aumentas tu tolerancia, vas acumulando más y más estrés sin apenas darte cuenta. Hasta que un día tienes un ataque al corazón o destrozas tu vida de alguna manera, alejándote de tus seres queridos o abusando de alcohol y drogas. Parece un mensaje alarmista, pero ocurre.

Es como cuando tienes un pequeño dolor en el cuerpo y no le prestas atención. Pasan los días, ese dolor va creciendo y creciendo, piensas que eso no es nada, que ya se te pasará, y no haces nada por entender de dónde viene ni cómo aliviarlo. Hasta que un día el cuerpo no puede más y terminas ingresado en un hospital.

¿No crees que poniéndole antes solución a ese dolor el problema sería menos grave? Pues lo mismo ocurre con el estrés.

No esperes a que sea un monstruo que controle tu vida y sea mucho más difícil volver a tu estado mental natural. Date cuenta al más mínimo síntoma y pon medios en ese preciso momento para cortarlo de raíz.

Reduce tu consumo de café

Puede que así de primeras ni te plantearías adoptar este hábito.

Muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a ese chute de cafeína mañanero, a ir como zombies a la cocina y no querer ni que te dirijan la palabra hasta que no te tomas tu café. Lo reconozco, no parece sencillo dejarlo.

Pero, como todo en la vida, es cuestión de acostumbrarse. A veces es más una cuestión de asociación psicológica del café a despertarte y empezar el día con energía que el efecto real que tiene en tu cuerpo. ¿Por qué si no cuando somos pequeños no necesitamos cafeína para levantarnos con alegría y energía? Se trata simplemente de un hábito que cogemos de adultos. Y como todo hábito, se puede eliminar y cambiar por otro.

La cafeína estimula la contracción de los músculos y, al ir acumulándose en nuestro organismo, hace que la tensión sea cada vez mayor. Si sufres de dolor de mandíbula y ansiedad, es primordial que la apartes un tiempo de tu vida para hacer una limpieza en tu cuerpo de esta sustancia y permitir a tus músculos que se relajen.

infusión

Elige una época en la que te encuentres con más energía. Yo, por ejemplo, en verano me levanto con mayor facilidad al haber más luz y tener mayores temperaturas, por lo que fue en esta época cuando decidí hacerlo. Y mucho mejor incluso si aprovechas las vacaciones, que no madrugas tanto y no tienes el estrés del trabajo.

Búscate el momento más adecuado, pero márcalo y comprométete a dejar de lado la cafeína durante al menos dos semanas. Puedes pasarte esos días al café descafeinado, a las infusiones o a mezclas de cereales con malta y achicoria. Lo que más te guste.

Pasado ese tiempo, analiza cómo te sientes. Si se te ha reducido el dolor de mandíbula y la ansiedad, quizás puedes volver a reintroducir el café normal en tu día a día e incluso te siente mejor. Compara las sensaciones de tu cuerpo con y sin café. Quizá tendrás épocas en las que se te acentúa el dolor y otras en las que te sienta mejor. Date cuenta de ello y ve alternándolo.

Empieza el día con buen pie

No te puedes imaginar lo que levantarte un poco antes y dedicarte un tiempo para ti mismo a primera hora puede hacer para mejorar tu estado de ánimo durante el resto del día.

Adelanta tu despertador solamente media hora y aplica esta fórmula:

yoga
  • 20 minutos de yoga o estiramientos
  • 10 minutos de meditación

No necesitas más.

Si no has practicado nunca yoga y meditación, puedes empezar a hacerlo con videos de Youtube. Hay una gran variedad de clases de iniciación donde te explican paso a paso cada postura. Haz antes una búsqueda y guárdate las que más te gusten y se adapten a tu nivel.

Si piensas que el yoga no es para ti y prefieres algo más sencillo, también puedes buscar algunos estiramientos de cuerpo completo. El caso es moverte un poco y preparar tu cuerpo para la jornada, con energía y sin prisas.

En cuanto a la meditación, se han llevado a cabo multitud de estudios que demuestran sus efectos beneficiosos en nuestra salud mental, como la reducción del estrés y ansiedad, mejora del humor, relajación de la tensión muscular, mejora de la calidad del sueño, de la concentración y la memoria, entre otros.

Al igual que el yoga, encontrarás también muchos videos de meditación y mindfulness que te ayudarán a iniciarte en esta práctica y a beneficiarte de sus bondades.

Ante todo tómatelo con calma.  Al principio la mente divagará mucho pensando en todas las tareas que tienes que hacer a lo largo del día, pero si eres constante y practicas estos 10 minutos al día verás que poco a poco conseguirás controlar mejor tu mente y notarás sus maravillosos efectos a lo largo del día.

Muévete

No hay mejor desestresante natural que el ejercicio.

Ya sea practicando un deporte que te guste o simplemente saliendo a caminar, mover tu cuerpo te ayudará a aumentar tus niveles de dopamina y serotonina, los neurotransmisores responsables de nuestra sensación de placer y felicidad.

Después de tu jornada de trabajo, sobre todo si pasas el día sentado en una silla, no puedes permitir que el cansancio y la apatía controlen tu cuerpo y tu mente.

Sal ahí fuera y recupera tu energía. Apúntate a alguna actividad o deporte, sal a correr, a caminar o a darte un paseo en bici. El caso es moverte. Si es al aire libre y/o con un grupo de personas, mucho mejor.

Estamos hechos para movernos, para que nuestros músculos trabajen, aunque a veces se le olvide a tu cuerpo, te haga creer que está mejor sentado o acostado para guardar energía y tengas que forzarlo un poco a salir de esa zona de confort para recordarle que le sienta bien estar activo.

Acude a un fisioterapeuta o un osteópata de vez en cuando

Muchas veces, el dolor de mandíbula no proviene sólo de la contracción de esos músculos en sí, si no que va asociado a toda la cadena muscular del cuello y la espalda.

Todos nuestros huesos y músculos están conectados entre sí, trabajan en conjunto y como una unidad biomecánica; es decir, que cualquier desajuste en una parte de nuestro cuerpo nos afectará al resto del mismo.

masaje

Cuando pasamos muchas horas sentados, de pie o en general en una posición fija, tendemos a coger malas posiciones que nos ocasionan dolores de espalda y cuello, lo que a su vez te puede estar generando el dolor de mandíbula.

Acudir a un especialista que te trate estos dolores siempre es una buena solución, ya sea un fisioterapeuta o un osteópata.

Aunque la fisioterapia sea lo más conocido y utilizado, yo suelo decantarme más por el segundo, pues, además de masajear la musculatura para aliviar tensiones, un osteópata emplea la manipulación física para aumentar la movilidad de las articulaciones y devolver al sistema músculo-esquelético su posición natural, mejorando a su vez el suministro de sangre a los tejidos.

Cada persona es un mundo, así que mi consejo es que valores las diferentes opciones que tienes por tu zona y vayas probando hasta encontrar el especialista que mejores resultados te dé.

Masajea tu mandíbula

Tú mismo puedes automasajear tu mandíbula cada día, o cada vez que lo necesites, para descargar la tensión de tu musculatura maxilofacial.

En el vídeo que os pongo a continuación se explica en detalle y de forma muy visual cómo hacerlo:

https://www.youtube.com/watch?v=wifcpBJH3Vc&ab_channel=FisioOnline

Prepara tu sueño

Lo he puesto en el último lugar de la lista por ser el final del día, pero te diría que es casi lo más importante.

Preparar tu cuerpo antes de ir a dormir y adquirir buenos hábitos durante las últimas horas del día es imprescindible para tener un sueño reparador.

Por eso, durante las dos horas antes de irte a la cama:

  • Desconéctate de todos los dispositivos electrónicos. Si la última hora antes de dormir te quedas en la cama leyendo un libro en lugar de ver la televisión, mucho mejor.
  • No comas nada. Intenta cenar lo más temprano posible y no comer nada más en estas dos últimas horas del día.
  • Evita el alcohol.
  • Tómate una infusión relajante, como manzanilla, valeriana, tila o melisa.
  • Practica 10 minutos de meditación justo antes de dormir.
  • Mantén horarios regulares de sueño.

Y… nada más y nada menos!

Espero que te sean de ayuda estos súper hábitos para mejorar tu calidad de vida en el día a día y que compartas con nosotros cualquier otro consejo que a ti también te haya servido de ayuda para reducir el estrés.

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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