¿Eres de los que posterga las tareas o decisiones importantes? ¿De los que, cuando sabe que hay algo importante que tiene que hacer, empieza a dar mil vueltas y a pensar si le viene bien ese momento, o directamente se busca cualquier otra cosa más interesante en su lugar?

Luego quizás te arrepientes y te juras a ti mismo que mañana lo harás, ¿verdad?

Incluso esperas que se haga “sólo” o te dices a ti mismo que si no consigues cosas es ¡porque la vida no te deja!  

La gente que consideras que consigue todo lo que quiere no es porque tiene a la madre fortuna de su lado y en cambio a ti te han echado mal de ojo, sino que probablemente ellos están luchando por lo que quieren todos los días, a pesar de sus miedos, sus preocupaciones, sus inseguridades.

Mientras, tú sigues pensando que algún día la vida te sonreirá y te traerá todo lo que quieres, o que lo harás cuando tengas suficiente coraje, dinero, tiempo…

Pero, lo vas dejando, lo vas dejando, y eso nunca llega, ¿verdad? Y casi sin darte cuenta vas generando una carga mental de cosas pendientes, creando a su vez una sensación de intranquilidad e incrementando tus niveles de estrés.

preocupación

Porque si:

  • Siempre encuentras una excusa para aplazar ciertas decisiones;
  • El miedo te paraliza hoy y crees que mañana será un mejor día para intentarlo;
  • La comodidad te arrastra a quedarte tranquilo en tu casa viendo una serie, poniéndote excusas del tipo: “hoy estoy cansado, hace demasiado calor, hace demasiado frío, no estoy motivado, no tengo la cabeza para historias…”

…sabes que nunca llegarás como por arte de magia donde tu mente te dice que algún día estarás.

ESCLAVOS DE LA INACCIÓN

Si te sientes identificado con todo lo anterior, te voy a dar rápidamente, desde mi humilde opinión, el diagnóstico de lo que te ocurre: eres uno más entre los millones de esclavos de la inacción de este mundo.

Esclavos de nuestro pasado y nuestro futuro.

Esclavos de nuestras creencias y fantasías.

Esclavos ante nuestras propias mentiras.

En resumen, esclavos de los sabotajes de nuestra mente.

Y es que, el ir posponiendo las tareas que se supone que consideras importantes, no es más que una sucia treta de nuestro sistema primitivo para evitar ponerte en situaciones de riesgo o malestar innecesarios.

Su misión es ponerte a salvo y reducir el gasto de energía para evitar así que pongamos en peligro nuestra supervivencia como especie. Así que siempre encuentra otras tareas más sencillas y placenteras que ofrecerte antes de hacerle caso a lo que tu mente racional te dice que debes de hacer.

Por explicarlo de otra manera, digamos que existen en nuestra mente dos tipos de satisfacción:

  • La fácil, que viene y se va de forma rápida
  • La difícil, que llega después de un esfuerzo inicial pero después se mantiene durante más tiempo

La satisfacción fácil son los placeres inmediatos, esos que siempre vas a preferir hacer y a los que cuesta tanto renunciar, como comerte esa hamburguesa, tomarte una cerveza con los amigos, el sexo o quedarte tumbado en el sofá viendo la tele. Son placeres innatos, los que vienen de tu parte más primitiva (comer, beber, socializar, procrear y mantenerte a salvo), y que con la misma rapidez que llegan, se van cuando has terminado la acción.

En cambio, la satisfacción difícil son aquellos placeres que tu mente racional te dice que vas a obtener, pero sólo si haces cierto esfuerzo antes. Normalmente tienes que renunciar inicialmente a la satisfacción fácil y hacer algo que te resulta incómodo para recibir después la recompensa de un placer más fuerte y duradero, como hacer deporte, comer sano o empezar ese proyecto que es tan importante para ti.

¿Cuál es la trampa aquí?

Que tu cuerpo siempre te va a guiar y convencer de que cojas la opción fácil, aunque tu mente te diga que la difícil te generará igual o incluso mayor satisfacción.

¿Para qué te vas a levantar temprano a hacer deporte con lo agustito y calentito que se está en la cama? ¿Para qué vas a empezar ahora con ese proyecto con lo bien que se está en el sofá viendo una serie? ¿Y para qué vas a dejar de comerte esa hamburguesa en lugar de unas verduras, con lo que te gusta a ti esa explosión de sabor?

La satisfacción fácil con la que tu cuerpo te chantajea no es nada fácil de ignorar.

Por eso la inacción es una fuerza tan poderosa.

Nuestra parte racional consciente, esa que nos distingue del resto de animales y que nos ha hecho llegar hasta donde estamos hoy, puede ser al mismo tiempo tu mejor arma (contra la parte subconsciente) o tu peor enemigo. Como todo en esta vida, depende de cómo la uses.

NUESTRO DISCURSO MENTAL

Para explicar de una forma sencilla por qué nos ocurre esto, digamos que tenemos 3 personitas distintas dentro de cada uno de nosotros y que piensan de forma diferente e independiente entre ellas: tus «yos» Pasado, Presente y Futuro.

YO PasadoYO PresenteYO Futuro
Éxitos
Fracasos
Errores
Limitaciones
Aprendizajes
Miedo
Duda
Inseguridad
Comodidad
Supervivencia
Sueños
Ilusiones
Motivación
Seguridad
Idealización

Cada una de estas vocecitas te transmite ideas diferentes sobre lo que ya has hecho, lo que te gustaría hacer y lo que realmente te ves capaz de hacer.

¿No te pasa a menudo que cuando te pones a recordar tiempos pasados se te olvida o minimizas todo lo malo y casi que sólo te quedas con lo bueno de ese momento? ¿Y que cuando piensas en posibles situaciones futuras te imagina a ti mismo de una forma idealizada, con más ganas y fuerzas que las que tienes en el momento actual?

Mientras que tu YO Futuro piensa en cómo sería tu vida empezando un nuevo proyecto, consiguiendo un mejor trabajo, dejando de fumar o con unos kilitos menos, tu YO Pasado te trae los fantasmas de lo que te pasó la última vez que te equivocaste, de lo mal que lo pasaste en un momento determinado o de la poca fuerza de voluntad que has tenido siempre.

¿Qué ocurre entonces? Que tu YO Presente se paraliza. Te dice que no vale la pena intentarlo, que no es el momento adecuado o que simplemente mañana será un mejor día. Básicamente, que tu YO Futuro se encargará. Él sí que tendrá fuerzas para hacerlo.

Quedándote en el mismo sitio en el que estás una y otra vez. En esa zona que ya conoces y que tienes tan controlada.

Pero esto no es más que una sucia treta de tu mente para que no salgas de tu zona de confort, para que no hagas nada nuevo que pueda ponerte en peligro o te ponga en una situación incómoda y te quedes tranquilito donde estás.

PON A TRABAJAR A TU MENTE RACIONAL

Puesto que esas 3 personitas que invaden tu mente constantemente nunca se van a entender entre ellas, ya que su posición y visión es totalmente diferente, la única solución que tienes para ‘curarte’ de la inacción y la procrastinación es poner al mando a tu YO Presente.

Él es el único que puede cambiar las cosas, que puede realmente pasar a la acción. A pesar de las dudas, los miedos o la incomodidad inicial.

Y para empujarlo a que actúe, te voy a indicar a continuación algunas estrategias que te pueden ayudar.

Márcate un propósito

Pregúntate qué quieres conseguir, por qué y para qué. Qué supone para ti conseguirlo. Tener claro el motivo final de lo que quieres conseguir te ayudará a darle más fuerza a tu mente racional.

Divide tu objetivo en pequeñas metas diarias

Pensar en el objetivo final muchas veces resulta tan abrumador y distante de nuestra situación actual que incluso desistes antes de intentarlo, lo ves imposible de alcanzar.

Piensa en qué puedes hacer HOY para acercarte un poco más a tu objetivo final, pequeños y sencillos pasos que no te supongan gran esfuerzo, y céntrate única y exclusivamente en eso.

Ponte fechas y horarios

Fija los días y horas en las que vas a hacer cada pequeña meta diaria. De esta manera, “encontrar el hueco” para hacerla no será una de tus excusas. Simplemente te tendrás que ocupar de cumplir con tu agenda.

No esperes a tener motivación

La motivación es tener un motivo, y eso no se espera a que llegue, se busca.

El propósito te ayudará a marcar tu motivo. Y si no lo tienes claro, en lugar de esperar, pasa a la acción primero. La motivación llegará seguro cuando empieces a dar pasos y veas tu objetivo cada vez un poco más cerca.

Utiliza la frase “sólo 5 minutos (más)”

Muchas veces tu mente irracional seguirá tendiéndote trampas. Te dirá que estás cansado y que ya lo harás otro día. Te chantajeará con recompensas inmediatas.

Sé consciente de esas trampas, y en esos momentos dile que sólo serán 5 minutos, en el caso en el que aún no hayas empezado, o 5 minutos más, en el caso de que estés haciéndolo y pienses en parar.

Si lo ves como algo que no durará mucho tiempo, no te costará tanto arrancar, y si sigues un poco más antes de darte por vencido, ejercitarás tu fuerza de voluntad para la próxima vez.

Recompénsate

Date algún capricho cuando hayas conseguido terminar lo que te proponías (pero sólo si realmente lo has terminado, sin trampas eh?) De esta manera será tu YO Presente el que tome el mando chantajeando a tu YO Futuro con la tan preciada satisfacción fácil.

Rodéate de gente que tenga tus mismos objetivos o que te motive a conseguirlos

Somos animales sociales y todo en compañía resulta mucho más fácil. Eso sí, que sea gente que se comprometa contigo y no te deje tirado a la mínima de cambio o ¡será incluso más contraproducente!

Y por último, piensa en lo mal que te sentirás si no haces lo que te has propuesto

Antes de aplazarlo, esfuérzate en recordar lo culpable que siempre te sientes después, así como lo que pierdes por no conseguir lo que te has propuesto y quedarte exactamente en el mismo punto en el que estás ahora. El traer al presente lo mal que se sentirá tu YO Futuro si no haces lo que te propones te ayudará con ese empujoncito que te falta.

No dejes que tu YO Pasado te inunde de miedos e inseguridades, utiliza los aprendizajes que vas obteniendo de él para ser cada día más fuerte.

No dejes que tu YO Futuro llene tu cabeza de fantasías y esperanzas vacías, utiliza la motivación de llegar a ser esa persona ideal para impulsar tus pasos y convertirlo en realidad.

Pon al mando a tu YO Presente.

Actúa y hazlo crecer como se merece.

Y si tienes más recomendaciones que te sirven a ti para no posponer tareas y pasar a la acción, estaré encantada de escucharlas. ¡Compartir nos hace más fuertes!

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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