¿Te consideras una persona amable?

¿Cómo muestras amabilidad ante los demás?

¿Hay alguna persona o situación en la que sueles ser desagradable?

¿Cómo te sientes cuando otros no son amables contigo?

¿Eres amable contigo mismo? ¿Cómo te sueles hablar cuando haces algo ‘mal’?

¿Qué es para ti la amabilidad?

Este artículo he decidido empezarlo al revés.

La idea es que primero respondas a estas preguntas, que las reflexiones bien y hagas tu propio juicio sobre la amabilidad en tu día a día, con ejemplos de situaciones concretas que hayas vivido.

¿Por qué?

Por un lado, porque creo que no nos paramos lo suficiente a reflexionar sobre la amabilidad en nuestro día a día (entre tantas otras cosas). Quizás ahora mismo te parezca una chorrada, pero la amabilidad es un valor indispensable para sentirse feliz.

Y por otro lado porque, si te pasa como a mí, cuando empiezas a leer algo sobre lo que no habías reflexionado antes, te quedas directamente con las ideas y opiniones que se plantean, en lugar de formarte las tuyas propias.

Así que aquí he preferido que te formes primero las tuyas para después leer las mías de una forma más crítica.

Lo dicho. Te animo a que reflexiones primero (e incluso mucho mejor si lo escribes) sobre las preguntas iniciales y, una vez que lo hayas hecho, vayamos adelante con el artículo.

AMABILIDAD

La amabilidad es la cualidad con la cual mostramos cordialidad, afecto, respeto y consideración hacia otras personas. Valores como la bondad, el amor, la empatía o la ayuda, son la base de las personas amables.

Al igual que definíamos la responsabilidad como la capacidad de responder, la amabilidad se puede expresar como la capacidad de amar. Y no es sino amando como realmente podemos ser felices.

amabilidad

Cuando somos amables por la mera satisfacción de serlo, sin intereses ocultos, nos sentimos realmente bien, aumentamos nuestro bienestar e incluso ciertos indicadores de salud física; como así los demuestran muchos estudios científicos llevados a cabo recientemente (como este, este o este)

¿Por qué entonces parece que se nos olvida a menudo ser amables?

La amabilidad en el día a día

Muchas veces nos encontramos ante situaciones en las que no nos cuesta nada ser amables, en las que seguramente un gesto amable cambiaría por completo la situación. Pero nuestras prisas, estrés continuo y mal humor hacen que ni veamos al que está a nuestro lado.

También parece que si somos amables estamos perdiendo el tiempo o se van a aprovechar de nosotros.

Quedamos como unos idiotas si dejamos pasar a otro coche en un atasco; como que no tenemos nada importante que hacer si dejamos pasar al que iba detrás en la cola; como alguien de quien desconfiar si ofreces tu ayuda a un desconocido por la calle.

En lugar de observar a nuestro alrededor para ver a quien nos rodea, y quizás pueda necesitar ayuda, preferimos sumergimos en nuestras pantallas para evitar la incomodidad de un cruce de miradas.

No sé, quizás es que simplemente está pasado de moda ser amable.

amable

Hoy en día, si un hombre le abre la puerta a una mujer, o hace cualquier otro gesto de los que siempre se han considerado ‘caballerosos’, parece que está siendo machista o anticuado. Cada uno ha de abrirse sus propias puertas para que la igualdad prime ante todo.

En cambio para mí ese gesto amable vale millones. ¿De qué nos serviría la igualdad si somos desagradables los unos con los otros?

¿Y te has fijado en cómo nos comportamos en el coche?

La gente se transforma al volante. Se pegan al culo del coche de delante para que se quite de en medio; sueltan una ‘pitorrada’ mientras ‘bracean’ a cualquiera que se cruce en su camino; se niegan a cederle el paso a nadie, ni a los peatones…

El actuar así sólo nos lleva a reforzar el estrés que llevamos.

Hay que ver qué poco cuesta ser amable y cómo nos resistimos muchas veces a serlo.

Ser amable es fácil. Lo único que debemos hacer es mantener la calma, detenernos un poco a mirar a nuestro alrededor y ser más considerados con el de al lado, pues nunca sabemos por la situación que puede estar pasando.

Si alguna vez no te dan la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya. Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa, como aquel que no sabe sonreír a los demás. – Dalai Lama

En resumen, trata a los demás como te gusta que te traten a ti mismo.

Y viceversa.

Amabilidad con uno mismo

Trátate a ti mismo como te gusta que te traten los demás.

Si nos tratamos mal a nosotros, ¿cómo vamos a ser capaces de tratar bien a los demás?

Nosotros mismos somos nuestros peores jueces, los que nos recordamos a menudo nuestros defectos. Nos etiquetamos y creamos muros mentales indestructibles de lo que creemos que no somos capaces de hacer.

Cuando nos tratamos de incapaces, tontos, patosos o inferiores estamos siendo más crueles con nosotros de lo que nadie más lo es. Las mayores barreras de nuestra vida están en nuestra mente.

Porque, lógicamente, si tú mismo te dices que no vas a poder, ¿acaso lo vas a intentar como para saber si de verdad puedes o no puedes hacerlo?

Si te repites continuamente que no eres inteligente, divertido, valiente, creativo o perseverante, tú mismo te vas a sabotear cada vez que necesites o quieras serlo para demostrarte que llevas razón, que tú no eres así.

En cambio, si lo piensas detenidamente, seguro que encontrarás alguna situación en tu vida en la que hayas sido como te dices que no eres.

¿De verdad NUNCA has sido divertido? ¿De verdad NUNCA has mostrado valentía? ¿NUNCA has sido perseverante, empezando y terminando algo que para ti merecía la pena?

Piénsalo.

No existe el SIEMPRE, NUNCA, TODO o NADA, el soy 100% de esta manera y no de la otra. Simplemente tenemos cualidades más o menos marcadas o desarrolladas que se pueden moldear y potenciar según nos propongamos.

amor propio

¿Por qué acaso eres exactamente igual ahora que cuando eras pequeño o incluso hace unos pocos años? ¿No te has ido adaptando al entorno y situaciones según lo has necesitado?

Sé amable contigo mismo, respétate, deja de machacarte y de decirte cómo eres o no eres, lo que puedes o no puedes hacer.

Permítete cambiar, evolucionar, ser la persona que quieras ser.

GENEROSIDAD

No podemos hablar de amabilidad sin mencionar también la generosidad.

Del mismo modo que el ser amables aumenta la satisfacción y bienestar personales, la generosidad está demostrado que nos hace sentir más felices.

Cuanto más amables y generosos somos, más felices nos sentimos; y cuando más felices nos sentimos, más probabilidad hay de que seamos amables y generosos. Es un círculo virtuoso.

Y con generosidad no sólo nos referimos a donaciones a los que más lo necesiten o acciones de voluntariado, sino que cualquier pequeño acto de ayuda o gesto desinteresado que podamos ofrecer cuenta.

Esos pequeños gestos inesperados no nos suponen ningún esfuerzo y para mí son los que marcan la diferencia en el día a día.

Como la situación curiosa que vivió mi pareja.

Ejemplo de generosidad

Estaba sentado en el banco de un parque almorzando durante el descanso de trabajo cuando vio que se acercaba a él una persona con “pinta desaliñada” que empujaba un carro de la compra lleno de bolsas y enseres.

Lo había visto varias veces rondar por allí esa mañana.

‘Probablemente es una persona sin hogar y va a pedirme algo de dinero o comida’ – fue su primer pensamiento mientras se le acercaba.

Pero cuál fue su asombro cuando el hombre con el carro llegó hasta donde él estaba, le dirigió una sonrisa y, de una bolsa con verduras que llevaba en la mano, sacó algunas piezas y se las ofreció diciéndole que se las regalaba.

Mi pareja intentó rechazarlas, pues se sentía mal aceptando un regalo de alguien que parecía que lo necesitaba mucho más que él, pero la insistencia y amabilidad de aquel hombre hicieron que se llevara agradecido las verduras a casa.

A menudo recordamos y comentamos esta situación no solo como el gran gesto de amabilidad y generosidad que es, sino como una lección de vida.

Vivir es compartir

Dicen que el ser generoso no consiste en dar lo que te sobra, sino en compartir lo que más necesitas. Y no hay mejor ejemplo que el anterior para demostrarlo.

Si lo pensamos bien, vivir no es más que compartir nuestro tiempo y recursos con los que nos rodean.

Una sonrisa amable, un halago improvisado, una ayuda no pedida, una llamada de cortesía, una invitación o regalo inesperado…

¿A quién no le gusta recibir un pequeño detalle de vez en cuando? Sobre todo esos que no te esperas.

generosidad

Te animo a que esta semana te propongas tener un detalle con alguien que no suelas hacerlo. Puedes ser todo lo creativo que quieras, el caso es hacer algo que le saque una sonrisa a esa persona.

Y si no se te ocurre nada, piensa en algún gesto amable que te hayan hecho a ti y te alegró el día, y haz lo mismo por otra persona para poder seguir la cadena de generosidad.

No sólo harás feliz a otra persona, sino que tú también te sentirás mejor.

GRATITUD

No tendría tampoco sentido hablar de amabilidad sin mencionar otra de las grandes virtudes: la gratitud.

“Es de buen nacido ser agradecido” dice el dicho. Y es que no hay nada más bonito que responder a la amabilidad y generosidad con un agradecimiento sincero.

A veces nos cuesta aceptar que alguien haga algo por nosotros, que nos hagan favores, sean generosos o simplemente nos ofrezcan su ayuda.

Yo he sido de esas personas. De las que quieren ser independientes y fuertes, que no necesitan a nadie ni quieren que se preocupen por ellas. Me costaba dar las gracias.

No es que no valorara la ayuda de los demás, era más bien porque creía no necesitar esa ayuda o simplemente porque no tenía presente el verdadero valor de aceptarla y agradecerla.

Fue cuando escuché hablar de la interdependencia, de la necesidad de apoyarnos los unos en los otros para construir cosas más grandes, cuando realmente empecé a romper los muros de la independencia, del querer ser fuerte y autosuficiente, y a agradecer el que otros estuvieran ahí para ayudarme a levantarme.

Entendí que aceptar lo que hacen los demás por ti y agradecerlo no es signo de debilidad, sino de grandeza.

Los agradecidos son personas que dejan de lado el arrepentimiento, la envidia y el resentimiento, y en su lugar eligen ver la parte buena de las personas y de la vida.

“Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos” – Daniel Defoe

Dar las gracias a la vida, a lo que tenemos, a los que nos ofrecen su hombro, a una sonrisa, a un gesto amable o al mundo que nos rodea, nos permite reconocer su valor intrínseco, mostrar nuestro aprecio.

Practica la gratitud

¿Por qué nos acordamos de lo bueno que tenemos cuando no lo tenemos?

Damos por hecho nuestra salud y nos negamos a quitarnos malos hábitos hasta que enfermamos; dejamos sólo para los momentos especiales el decirles a nuestros seres queridos todo lo que nos aportan hasta que un día no están;  compramos cosas que ‘nos hacen falta’ y en cuanto las tenemos las dejamos de lado anhelando las miles de cosas más que aún están por comprar…

Este es el mayor error que cometemos en nuestras vidas, porque lo que no agradeces hoy  puede que mañana ya no esté.

No podemos esperar a perder lo que tenemos para apreciarlo y anhelarlo. Agradece lo que tienes aquí y ahora, verás cómo la vida cobra más sentido.

Y para ello te propongo dos simples ejercicios:

  1. Escribe 3 cosas a diario por las que te sientes agradecido. Todo vale, desde el café calentito que tienes la suerte de poder tomarte cada mañana hasta la salud, el trabajo o los familiares que tienes. 3 pequeñas cosas que te recuerden lo afortunado que eres de vivir un nuevo día.
  2. Escribe una carta a esa persona que es tan especial para ti pero que no sueles decírselo. Agradécele lo que haya hecho por ti, el tiempo que pasáis juntos o simplemente el hecho de existir. Y, lo más importante, después de escribirla queda con ella o llámala para leérsela, hazle saber lo importante que es en tu vida. Sin vergüenzas ni prejuicios.

En resumen

Practica la amabilidad, la generosidad y el agradecimiento a cada momento, sé el ejemplo de lo que quieres ver en el mundo.

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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