Era un día soleado. Había decidido levantarme sin despertador y los rayos de sol empezaban a entrar por mi ventana. Mientras, yo disfrutaba de esa agradable sensación de no tener prisa y poder retozar gustosamente en la cama.

De repente, algo se abalanza sobre mí y me despierta de súbito, casi rozando el modo infarto.

Era mi gato, que había decidido que ni él ni nadie necesitaban dormir más. 

Se pone encima de mi pecho y empieza a olisquearme la cara. Lo empujo un poco para que se baje de encima de mí y se pone a jugar con mis pies por encima del edredón. Quiere cazarlos como si de un ratón se tratase. Y después de mordisquearlos un poco y aplastarme unas cuantas veces más, se baja de la cama y empieza a maullar.

gato

“¿Qué haces que no te levantas? ¡Venga, que ya es de día! Ya llevamos mucho tiempo durmiendo, hay que activarse. Tengo hambre, ¡levanta ya!” Esa era mi traducción mental de sus maullidos.

Y así sigue persistentemente hasta que consigue que me levante sin más remedio y vaya a la cocina a echarle de comer.

Devora su comida en 5 minutos y sale corriendo por todo el piso como si lo hubiera poseído el demonio. Corre hacia un lado de la casa. Corre hacia el otro lado de la casa. Pega un salto por encima del pomo de la puerta. Hace parkour por encima y por debajo de los sofás. Un poco más de idas y venidas jugando con un elástico durante 15 minutos más y finalmente se calma.

Tras este episodio neurótico, se sale al balcón y se pone a tomar el sol apaciblemente, retozando y maullando alegremente. Acicalándose también como si la vida le fuera en ello.

Y es que todos los seres vivos del planeta llevan una vida simple y tienen una “mente” simple.

Excepto uno: el ser humano.

UNA VIDA SIMPLE

Observando el comportamiento de cualquier animal durante cierto tiempo, la verdad es que pocas sorpresas te puedes llevar. Cada uno cubre sus necesidades básicas a través de un comportamiento específico propio de su especie. Sin más.

Unos son más sociables, otros más independientes. Unos monógamos y otros polígamos. Unos cuidan de sus crías en pareja, otros con un solo individuo y otros directamente ni las cuidan. Unos son carnívoros y otros herbívoros. Y así multitud de características.

En la variedad está el equilibrio.

Pero no necesitan grandes cosas para sentirse satisfechos, no pretenden acumular nada para el futuro, ni sienten emociones que les lleven a cuestionarse lo que hicieron en el pasado. Simplemente siguen las pautas que les marca su propio instinto: nacer, desarrollarse, comer, interactuar, reproducirse y morir. En una palabra, vivir.

Todos los animales excepto nosotros tienen un elemento en común: viven el momento presente.

5 LECCIONES DE VIDA

1. DISFRUTAR DEL MOMENTO

Esta es una de las grandes lecciones que los animales nos enseñan.

Lógicamente no podemos pretender llevarlo al punto al que el resto de seres vivos lo llevan, pues es la capacidad de planificar y pensar en el futuro lo que más nos diferencia de ellos. Es lo que nos ha llevado a ser la especie dominante, a un desarrollo y calidad de vida inimaginables.

Nuestro cerebro se ha desarrollado de diferente manera, beneficiándonos enormemente.

Pero es una pena que nos hayamos distanciado tanto de la sencillez de la vida, del momento presente. Hasta tal punto que nos cuesta muchísimo detenernos a observar, sentir y disfrutar lo que nos acontece en el aquí y ahora.

momento presente

El hecho de estar pensando constantemente en el pasado y en el futuro nos genera estrés y preocupaciones innecesarias.

Por eso a veces merece la pena detenerse a observar a los animales y recordar cómo es vivir el momento presente.

Sentir el aire y el sol en la piel, saborear una deliciosa comida, respirar el aroma de la naturaleza, observar la belleza de las formas y colores que nos rodean. En definitiva, prestar más atención a los sentidos y menos a nuestra mente.

Tenlo en cuenta: el único momento infinito es el ahora.

2. HACER SABER LO QUE QUIERES

¿Cuántas veces te ha pasado que por creer o querer que la otra persona sabía lo que tú querías te has llevado una enorme decepción?

Nos empeñamos en que los demás satisfagan nuestras necesidades, que sepan lo que estamos pensando, casi como si fueran capaces de leernos la mente. Y es cierto que cuando llevas mucho tiempo conviviendo con una persona a veces sí que parece que os podéis leer la mente. Pero la mayoría de veces no puedes negar que no es así.

No nos engañemos. Nadie sabe mejor que tú qué es lo que quieres. Cada persona es diferente, con sus circunstancias, carácter y vivencias, y no puedes esperar a que los demás se pongan en tu piel ni adivinen qué necesitas.

Ni tampoco antepongas las necesidades de los demás a las tuyas, porque eso a la larga no te traerá más que frustración y vacío. Al igual que una mascota te hace saber lo que quiere, cuando quiere comer, jugar o salir a la calle, tú también tienes que expresar lo que piensas, sientes y necesitas.

Porque, si te gusta alguien y quieres invitarlo a tomar algo, ¿qué te impide hacerlo, en lugar de estar esperando a que la otra persona sea quien adivine lo que quieres o sea quien dé el primer paso?

Si quieres que tu pareja te acompañe a algún sitio o hacer algo que te hace ilusión, ¿por qué no ser claro y hacérselo saber en lugar de enfadarte porque no lo han pensado ellos mismos?

Dejémonos de psicología inversa, mensajes subliminales o simple cabezonería. Dejemos las ‘pajas mentales’ a un lado y comuniquémonos. Porque para eso están las palabras, para comunicarnos de forma efectiva con los demás y hacer saber lo que queremos.

Pruébalo y verás cómo todo se vuelve más sencillo, tanto tu relación con los demás como tu propia mente.

Al expresar con palabras lo que piensas (siempre y cuando sea desde la bondad), no sólo abres la puerta a la sinceridad y comunicación con la otra persona, sino que también dejas de imaginarte las miles de situaciones diferentes que se podrían dar y haces que simplemente ocurra una. La real.

3. PERSISTENCIA

Si hay algo que me gusta de los animales es su persistencia.

Cuando quieren algo no dejan de insistir e ir a por ello hasta que lo consiguen. No desisten a la primera de cambio, lo intentan las veces que hagan falta.

La gran mayoría de los humanos por el contrario solemos tirar la toalla rápidamente. Nos convencemos nosotros mismos de que no merece la pena seguir intentando conseguir algo cuando vemos que se resiste o directamente ni lo intentamos.

“Si no te van a coger en esa empresa, para qué vas a echar el currículum” “Ese chico/a nunca se fijaría en ti, olvídate” “Ya has intentado varias veces conseguir eso que te propones y has fracasado, no merece la pena insistir”. Con todos estos mensajes nos bombardea nuestra propia mente continuamente.

¿Pero sabes qué? Si realmente lo quieres, ¡claro que merece la pena intentarlo!

persistencia

Que la pereza, el miedo o la inseguridad no te aparten de tu objetivo. Porque si no, nunca sabrás lo que hay detrás de él.

Quizás ese chico/a que te parece inalcanzable tiene un montón de intereses en común contigo y es el amor de tu vida; quizás el perfil de trabajador que necesita esa empresa es justo el tuyo; o quizás sea al siguiente intento cuando consigas lo que las anteriores 3 veces no conseguiste, porque es ahora cuando estás preparado.

En tus manos está conseguir todo lo que te propongas, en las de nadie más.

Porque es tu responsabilidad luchar por lo que quieres y no desistir aunque las cosas se compliquen.

4. ACCIÓN Y RELAJACIÓN

La falta de movimiento es el principal motivo de los problemas de salud actuales de la mayoría de la población. Estamos diseñados para movernos, no para estar sentados la mayor parte del tiempo. Y esto nos pasa factura.

Nos hemos acomodado tanto a tenerlo todo al alcance de la mano y a no tener que movernos para conseguir cualquier cosa, que necesitamos buscar el momento para hacer ejercicio (quien lo hace). En cambio todos los demás animales emplean una parte de cada día en moverse, estar activos, y la otra en descansar. 

Está claro que los animales salvajes lo hacen por necesidad, porque si no salen a buscar comida o a huir de los depredadores mueren. Pero, ¿y los animales domésticos? ¿Qué necesidad tienen de moverse si no tienen que cazar, sino simplemente esperar a que le pongan comida? Y aun así cada día hay un momento en el que se activan y se ponen a corretear, jugar o simplemente rondar por la casa.

Nuestro cuerpo está diseñado para sobrevivir. Si nuestra supervivencia depende de salir ahí fuera y dejarte la piel en buscar comida, lo haremos. En cambio, si ya tenemos todo lo que necesitamos, e incluso de más,  tu mente te convence de que no te muevas para ahorrar energía y reservarlas para cuando te falten.

El problema es que hoy en día rara vez nos faltan.

Al igual que la conexión con el momento presente, movernos a menudo es algo que tenemos que implementar en nuestro día a día a través de pequeños hábitos diarios. Tiene que formar parte de nuestra rutina y no verlo como una obligación o castigo, sino algo que es innato en nosotros y nos hace sentir bien.

Y es que nos hace sentir bien literalmente, tanto mental como físicamente. Al movernos, aparte de saber que estamos haciendo algo bueno por nuestra salud y nuestro bienestar físico, nuestro cuerpo segrega dopamina, la hormona de la relajación y el placer.

Ningún animal está hecho para permanecer inmóvil, y nosotros no somos menos, así que ya sabes, aprovecha cualquier momento y excusa para moverte más.

Porque los momentos de relajación sientan mejor tras un momento de acción

5. CURIOSIDAD

Dicen que la curiosidad mató al gato. Pero ¿qué sería de ellos si no la tuvieran?

La curiosidad les permite tener el entorno controlado y saber qué hay alrededor suyo, principalmente comida, lo que les hace aprender continuamente cosas nuevas. Y creo que esto los humanos nos parecemos mucho a los gatos.

Sin curiosidad no habríamos llegado hasta donde estamos hoy día. No tendríamos el conocimiento que tenemos sobre la tierra y el universo, ni podríamos disfrutar de la mayoría de deliciosas comidas o tener una esperanza de vida tan larga.

aprendizaje

Todo el desarrollo como seres humanos se debe a que una persona tuvo la curiosidad de ver qué había al otro lado de lo que en ese momento llamaban límite o qué pasaba si mezclaba esto con esto otro. Y esto me encanta.

Porque, aunque a veces la curiosidad puede resultar peligrosa, la mayoría de ellas te ayuda a convertirte en una mejor versión de ti mismo o incluso convertir el mundo en un lugar mejor.

Tener curiosidad te mantiene vivo, alerta, abierto a nuevas experiencias, a aprender de todo lo que te rodea y a ir siempre un paso más allá de lo que ya conoces.

Leer, ver documentales, observar tu entorno, apuntarte a nuevas actividades, conocer a personas de otros entornos y estilos de vida. Cualquier excusa es buena para aprender algo nuevo cada día.

LO QUE EL GATO ME ENSEÑÓ

En resumen: disfruta el ahora, sé sincero, no te rindas, mantente activo y nunca dejes de aprender.

Estas son 5 lecciones de vida que sinceramente creo que nos pueden ayudar a ser mucho más felices en el día a día y a conseguir ser la mejor versión de nosotros mismos.

Al final del camino no importará cuánto tienes, si no lo orgulloso que estás de cada paso que has dado y de la nueva persona que has llegado a ser con cada uno de ellos.

Toda vivencia nos puede enseñar algo nuevo y valioso. Sólo hace falta detenerse un poco de vez en cuando, observar y preguntarnos qué aprendizaje podemos sacar de ese instante.

Un pasito más hacia…

𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳

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